15 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.
Un azucarillo. Eso es para el alcalde la polémica de estos días sobre el nuevo traslado de la estatua ecuestre de Franco. Quiso dar a entender que se levantó una polvareda innecesaria con un asunto para él intrascendente y que se ha resuelto de un plumazo. Desde luego sí que se ha solucionado de una manera sorprendente: el caballo seguirá en el Arsenal, con un toldo.