24 horas para la primera procesión

FERROL

Poner flores, coser hábitos, trasladar imágenes... En la víspera del Domingo de Ramos, el trabajo de los cofrades se acelera a ritmo vertiginoso; ellos, aun así, no desfallecen

05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Sábado, 4 de abril. Doce y media de la mañana frente al corralón de la iglesia de Dolores. El domingo, a estas horas, la plaza de Amboage se llenará hasta la bandera para celebrar la procesión de la Entrada Triunfal de Jesús de Nazaret. Pero ahora, 24 horas antes, solo unos pocos curiosos se arremolinan en torno al grupo de jóvenes cofrades que se han reunido para colocar la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia en su trono.

Se trata de una operación complicada, porque la imagen, ya clavada en la cruz, pesa mucho. y para alzarla ha tenido que venir un camión grúa. Pero en menos que canta un gallo los jóvenes concluyen la operación. Y pocos minutos después, el trono, ya con su Cristo en pie, regresa al corralón.

Un poco más arriba, Coque Blanco, un cofrade apasionado de Dolores, explica que lo que acabamos de ver es solo uno de los muchos trabajos que han mantenido ocupados a los miembros de la hermandad durante estos últimos días. «Aquí no se para durante todo el año, pero lo fuerte comienza después de las Navidades», comenta. «Y si vienes durante la Semana Santa -añade- aquí puedes encontrar actividad las 24 horas del día».

Poco después irrumpe en escena Fidel, otro entusiasta de la Pasión, con la Virgen de la Piedad en los brazos. Traslada la imagen de la iglesia al local de la hermandad, «porque hay que vestirla con el manto bordado, para la procesión del jueves por la noche», explica muy amable.

Pero Coque y Fidel no son los únicos que arriman el hombro. Por la zona, corriendo de un lado para otro, también se ve a Begoña, Pedro, Juan... «Es cierto que aquí hay gente trabajando día y noche, sí, pero el problema es que son las mismas quince personas de siempre; somos una hermandad de más de mil cofrades, pero se echa en falta más manos para ayudar», dice María, portadora, en el patio del local.

Muy cerca de ella, Fidel, un argentino convertido en cofrade por obra y gracia de sus cuñados, le da la razón. Y aprovecha la ocasión para echar flores a la Semana Santa ferrolana. «En mi país no tenemos nada de esto y la verdad es que es una auténtica maravilla», dice con orgullo de cofrade.

Esta mañana, a Fidel y María les ha tocado atender a la gente que viene pidiendo las palmas. Cuestan 12 euros y, según explican ambos, proceden de Elche. «Son las mejores y las que tienen más fama», advierte María.

También colabora en la faena Santiago Ocampo, todo un clásico de la Cofradía de Dolores. «Lleva más de 50 años aquí y es un fenómeno», apunta Fidel. Y María se apresura a poner la puntilla: «Le llamamos súper Santi, porque pidas lo que le pidas, él te lo consigue». Mientras tanto, él sonríe. Y al preguntarle por la Semana Santa, contesta veloz: «Es mi pasión».