El Puerto prevé tener restaurada en ocho meses la batería de Prioriño

FERROL

Los restos de la batería militar de cabo Prioriño, destapados cuando se estaba ejecutando la zona de aparcamiento del complejo turístico creado en Caneliñas, podrán estar restaurados en ocho meses, para comienzos del 2010. Las tareas, además de la labor arqueológica de recuperación, incluirán también la colocación de paneles y material divulgativo sobre la pieza. Su ejecución comenzará en el segundo semestre de este año. Así lo han confirmado fuentes oficiales de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao, indicando que se contempla para esta iniciativa una aportación económica de 300.000 euros dentro del plan de inversiones para este ejercicio, que tendrá que ser ratificado en junio por Puertos del Estado. Se requiere, también, el visto bueno oficial del Ministerio de Cultura. Este paso, sin embargo, se considera ya prácticamente logrado. De hecho, técnicos de ese departamento visitaron recientemente los restos y, oficiosamente, se cuenta ya con la luz verde del Gobierno central, tal y como confirmó Juan Antonio Cano Pan, responsable de la empresa Arqueoloxía del Noroeste, la encargada de la puesta en valor de esa pieza y que ya hizo lo propio con la de Punta Viñas. Juan Antonio Cano señala que esos restos, cuya aparición adelantó La Voz el pasado 16 de enero, ya se intuían. Afirma que «teníamos seguridad de que se encontraban en esa zona». Lo que sí sorprendió fue «su magnitud», ya que se pensaba que sus dimensiones eran menores. Aunque más pequeña que Punta Viñas -la batería que ya está restaurada en Caneliñas-, ocupa alrededor de mil metros cuadrados. Unos 270 se corresponden con los cuartelillos, la parte más elevada de la estructura. El resto, con la franja más baja y pegada al mar. Aunque posiblemente no se pueda sacar a la luz completa, sí se recuperará la mayor parte. Doce cañones Juan Antonio Cano la define como «el prototipo de una batería de costa», con una división como la citada y con troneras para albergar alrededor de una docena de cañones y un horno para calentar las balas. El arqueólogo resalta que este tipo de construcciones no solían estar habitadas de manera continua, sino que se usaban puntualmente «cuando surgía una crisis» que hiciese necesaria activarlas. En ese momento, hasta treinta soldados podrían estar operativos en ella. Todo apunta a que esta, en concreto, llegó a ser utilizada. Así lo indica el hecho de que, señala Cano, se hayan encontrado restos de munición en el lugar.