Para muchos extranjeros, la solidaridad se ha convertido en una herramienta de integración; es el caso de la colombiana Yesi Vélez y de otros voluntarios del campus
11 feb 2009 . Actualizado a las 12:03 h.Cuando llegó a España hace ya 14 años, Yesenia Vélez Vargas se tuvo que enfrentar a la pesada losa de la discriminación. Esta colombiana de Medellín, ahora próxima a la treintena y con una hija de seis años a su cargo, cuenta que lo pasó realmente mal. «Me he tenido que pelear con muchos chicos para hacerme respetar; a lo mejor estaba en un sitio y, simplemente por ser latina, se creían con derecho a tocarme o aprovecharse de mí», explica echando la vista atrás.
Pero el tiempo ha pasado. Y Yesi ya no combate los prejuicios a torta limpia, como hacía cuando era una cría. Ahora se enfrenta a ellos restando importancia a las miradas de desconfianza y participando activamente en la sociedad. Pero también ayudando a los demás. Porque, desde el pasado mes de octubre, esta joven forma parte del puñado de inmigrantes que, de forma altruista y sin esperar nada a cambio, colaboran en proyectos sociales de la comarca a través de la Oficina de Cooperación y Voluntariado (OCV) del campus de Ferrol.
En AFAL
«Siento la necesidad de ayudar porque en estos años también me ayudaron mucho a mí», apunta Yesi para explicar por qué decidió hacerse voluntaria. Tras recibir apoyo de instituciones como Cáritas, Dignidad y Adra, esta joven -que ahora trabaja como monitora del comedor escolar del colegio Manuel Masdías- recaló en el campus de Ferrol para asistir a un curso de informática organizado por la OCV para personas con riesgo de exclusión social. «Aprendí mucho de la experiencia y los monitores me ayudaron tanto que al final me entraron ganas de colaborar; fue así como llegué hasta aquí», explica sonriente Yesi frente a un té bien caliente antes de entrar en la sede de AFAL, la asociación de familiares de enfermos alzhéimer y otras demencias.
Todos los martes, a las once de la mañana, esta colombiana se presenta como un clavo en el centro de día de la agrupación. Allí colabora en un taller de orientación espacio temporal y en otro de psicomotricidad. En el primero Yesi está muy cerca de los mayores, les coge de la mano y les anima a responder a la preguntas que les hace la profesional que lleva el mando: qué día es hoy, que tiempo hace, en qué mes estamos.
Tras ejercitar la memoria, toca hacer lo mismo con el cuerpo. Yesenia ayuda entonces a los mayores enfermos de alzhéimer a caminar de una sala a otra y a realizar tablas de ejercicios con aros y pelotas. Ella está allí para echarles una mano en lo que haga falta. Pero ellos, seguramente sin darse cuenta, también le están ayudando a ella. «A mí esta experiencia me ha aportado paz y tranquilidad; las personas a las que atiendo suelen ser muy agradecidas y simplemente con que me sonrían ya me siento satisfecha», explica Vélez.
Silvia Loureiro, coordinadora del centro de día de AFAL, no tiene más que buenas palabras para los voluntarios. «Gracias a ellos -apunta- la atención que prestamos puede ser mucho más individualizada».
Más casos
Yesi no es la única voluntaria inmigrante que colabora con los programas de cooperación de la oficina del campus de Ferrol. Sin ir más lejos, gracias a la reciente aparición en escena de Maribel y Verónica -cubana la primera y salvadoreña la segunda- la OCV ha podido reactivar su aula de informática para personas con riesgo de exclusión social, que estuvo parada durante algún tiempo debido a la falta de voluntarios.
A pesar de que los planes de integración para los inmigrantes apenas desarrollan medidas concretas para incentivar el voluntariado, numerosos expertos creen que este medio puede ser una fantástica herramienta para derribar prejuicios. Y Yesi también opina así: «Las noticias relacionadas con mi país siempre hablan de delincuencia y prostitución, pero no todos los colombianos somos así; en España también hay delincuentes y no por eso se piensa mal de todos los españoles».