La gente. Ese embalaje manufacturado al gusto del cliente. La gente normal. La gente, que no es tonta. La opinión de la gente... Lo mismo sirve para un gran roto que para un pequeño descosido. El comodín del discurso de líder político y el salvavidas del tertuliano de Gran Hermano . La gente. La generalización suprema. Tanto que los periódicos en sus titulares fragmentan, acotan, diseccionan. Un alto porcentaje de población. Los jóvenes. Los desempleados...
Pero algún que otro diario aparcaba la costumbre ayer. «Messi, el preferido de la gente». Sin anestesia. La gente. El pueblo. Porque Cristiano Ronaldo recibió el premio oficial de la FIFA como mejor jugador del 2008. Fue votado por una de esas castas superiores del fútbol, los técnicos de las selecciones y sus capitanes, con toda su pompa y circunstancia. Sin embargo, los aficionados eligieron a Messi. Cosas de la gente. Apoyar al chico paticorto con carita de conejo y mote propio de Barrio Sésamo frente al joven erguido de sonrisa cegadora que se ha rebautizado con siglas de coche de fórmula 1. Decidirse por la Pulga y no por CR7. Al margen de las discusiones puramente futbolísticas, es un gol al márketing, a la religión de la imagen.
Esta pequeña rebelión de las masas ya había sucedido cuando la FIFA planteó el dilema de señalar al mejor futbolista de la historia. Las altas instancias coronaron a O Rei. Pelé, naturalmente. Los seguidores de a pie abrazaron al Pelusa. Maradona. Para bien y para mal, en el fútbol el balón y el aficionado no son conquistados por el más fuerte. Ni por el más alto. Ni por el de mayor capacidad pulmonar. Es difícil que Gascoigne o Romario en cualquier otra disciplina llegaran a recibir la etiqueta de deportistas. Y es probable que los directivos de la FIFA pensaran que la gente normal, que no es tonta, se inclinase por Cristiano Ronaldo. Pobre gente la de la FIFA.