El de las atracciones de feria es un oficio que pasa de generación en generación. Vivir en continuo movimiento, muchas veces «sin saber dónde te levantas» no es fácil. Así lo reconoce Ana Rodríguez, que atiende en el Cantón la pista americana infantil que ofrece a niños de entre 2 y 8 años montones de bolas en los que sumergirse y toboganes por los que deslizarse. Esta nedense de 29 años conoce bien los contras: «No tienes fines de semana, ni festivos ni vacaciones de verano». Entre los pros, el mantenimiento de una tradición que a ella le viene desde sus bisabuelos, propietarios de un teatro ambulante con el que recorrían las ferias.
La estirpe familiar es lo que lleva también a Isabel González a mantenerse al frente de un Scalextric bien conocido en Ferrol. Lo adquirió hace un año a su anterior propietario y aún no sabe cómo funcionará en público e ingresos, aunque sí lo que su mantenimiento conlleva: «Pues mira, estoy aquí hasta las nueve y después me voy corriendo a casa a cenar para volver otra vez». Aunque el convoy de camiones, cisnes y otros vehículos no esté en marcha, hay que vigilarlo hasta la madrugada. «Me crié en esto y mis hijos siguen la tradición», argumenta, señalando a uno de ellos que, a pie de pista, se encarga de controlar la subida y bajada de los pequeños.
Unos metros más allá, Félix Martínez, que ha heredado la tradición de sus abuelos, ocupa la cabina del castillo hinchable que representa a Bart Simpson. Con su gran boca abierta, atrae a los pequeños, animados por el dibujo de la popular serie. Tiene otras dos atracciones, pero esta, con solo dos años, es la más reciente. «Hay que ir con los tiempos y modernizarse», explica.
Y es que en cuestión de gustos no hay nada escrito: desde el vértigo de la velocidad hasta la calma de un carrusel. Pero al final «el niño es siempre quien elige», concluye Ana Rodríguez.