El motor de la imaginación

FERROL

Estudiantes de Ingeniería Industrial compitieron en el campus por diseñar el prototipo de bólido más potente

14 nov 2008 . Actualizado a las 11:31 h.

La imaginación de los estudiantes ferrolanos superó con nota un peculiar examen de imaginación. Se lo pone cada año Javier Cuadrado, profesor de Ingeniería Industrial de la Escuela Politécnica Superior de Esteiro (Ferrol). El desafío de esta decimotercera edición consistía en crear pequeños bólidos sobre ruedas, con un peso total inferior a un kilo, que lograsen arrastrar al de enfrente hasta que uno de ellos traspasase la línea marcada. Aunque la prueba varía cada curso, siempre genera la misma expectación. Más de un centenar de alumnos rodearon a modo de improvisado ring el área acotada en el suelo del sótano de la escuela, donde se batieron, por parejas, dieciocho vehículos. Tras superar la primera eliminatoria, los cuartos de final y las semifinales, Daniel Henriques Salgado y Marcos Rouco Couzo, ambos de 26 años, se hicieron con el triunfo... y con tres puntos en la nota final de la asignatura.

Si bien quizá no era el más estético, sí resultó ser el más potente de todos. Una estructura de madera, con dos grandes ruedas traseras y dos pequeñas delanteras consiguieron acabar con su principal competidor: el tren amarillo de lata diseñado por las otras finalistas, Natalia Freire Gómez y María Jesús González Montouto, que, tras haber demostrado su solvencia, cedió a la potente tracción del ganador.

Para sus diseñadores, el secreto del éxito fue haber concebido un prototipo con el peso concentrado en la tracción trasera para que hiciese la mayor fuerza posible. Y haber forrado las ruedas con grip, la cinta antideslizante que utilizan los tenistas para mejorar el agarre de las raquetas. En total, 994 gramos de coche autopropulsado que, a dos ruedas y haciendo caballitos por el esfuerzo, no tuvo rival.

Como en la Fórmula 1, el pesaje era un trámite previo a la competición, que no todos consiguieron superar a la primera. Algunos tuvieron que desmontar piezas para rebajar peso. Por ejemplo, el bólido que empleaba latas de refresco como neumáticos: tuvieron que sacarle las delanteras para poder competir. Otros echaron mano de piezas de construcción de Tente para crear un pequeño tanque de ocho pares de ruedas de goma, que logró llegar hasta cuartos.

El motor era común, facilitado por el profesor de Tecnología de máquinas, una asignatura de tercer curso de Ingeniería Industrial de la Universidade da Coruña. Ellos solo tenían que incorporar una pila de 4,5 voltios y el mejor diseño para lograr la mayor potencia. «Se trataba de que los alumnos se viesen ante un problema real: trabajar en equipo, con dificultades de presupuesto, de tiempo, etcétera.», explicó Javier Cuadrado. «Con esto no hicieron lo que correspondería a un ingeniero, sino a toda una empresa», aseguró el profesor. La participación era voluntaria, y todos los concursantes percibirán su premio en forma de aportación proporcional a su calificación.