La colonia de ferrolanos en Shanghai está compuesta por unas diez personas.
23 abr 2008 . Actualizado a las 12:53 h.Por obra y gracia de la emigración, los gallegos están dispersos por medio mundo. Lo mismo te puedes encontrar a uno en el delta del Orinoco que bajo las columnas del Partenón de Atenas. Y los ferrolanos, claro está, no iban a ser menos. Por esta página ya han pasado algunos de esos paisanos que un buen día decidieron hacer las maletas para buscar aventuras más allá de As Pías. Y hoy le toca el turno a otras dos ferrolanas que se marcharon muy, muy lejos. Nada más y nada menos que a la otra punta del mundo. A una ciudad con 13 millones de habitantes y cuatro mil rascacielos. A Shanghai . El París de la China. La Perla de Oriente.
La colonia de ferrolanos en Shanghai está compuesta por unas diez personas y entre ellas se encuentra Carmen Perales , la primera protagonista de esta mirilla. Al otro lado del teléfono, desde la capital económica de China, Carmen me cuenta que siempre ha sido muy viajera. «Mi padre es militar y eso explica que haya vivido en varias ciudades, además de Ferrol», me explica atentísima. Tras estudiar Periodismo en Madrid y pasarse un año de Erasmus en Bucarest, Carmen tenía claro que todavía no quería echar raíces en ningún lugar. Así que, ni corta ni perezosa, solicitó una de las becas que ofertaba el Instituto Español de Comercio Exterior para trabajar en diferentes partes del mundo. A Carmen no solo le concedieron la ayuda, sino que además le dieron uno de los destinos que había pedido: «Quería irme a Asia y, cuando me dijeron que me iba a China, me quedé alucinada; me puse contentísima». El pasado mes de octubre Carmen aterrizó en Shanghai y, desde entonces, todo le ha ido la mar de bien. Cuenta que los tres primeros meses se dedicó a estudiar chino, asistiendo a un curso intensivo, y en enero empezó a trabajar en la oficina comercial de España en Shanghai. ¿Y qué es exactamente lo que hace allí? «Fundamentalmente, me dedico a contactar con medios de comunicación para promocionar la imagen y los productos de España en China», resume la ferrolana. Al llegar a Shanghai, lo que más le soprendió fue descubrir que los chinos sabían más de su país de lo que ella imaginaba: «España está de moda; a la gente de aquí les gusta mucho el flamenco y siguen muy de cerca a equipos como el Barça o el Madrid». También cuenta que son muy simpáticos, «aunque el idioma a veces es una barrera, porque hay pocas personas que hablen inglés». A las gentes de Shanghai, según Carmen, también les apasiona todo lo llamativo -«las calles están llenas de luces y colores brillantes»- y tienen algunas costumbres de lo más chocantes para un occidental. «Aquí lo de escupir por la calle y eructar no está nada mal visto, pero para alguien de fuera resulta muy raro». Tanto es así que, según me cuenta Carmen, el Gobierno ha lanzando una campaña pidiendo a la población que se abstenga de estos tics durante los próximos Juegos Olímpicos de Pekín, para no dar mala imagen (increíble, pero cierto).
Y también enamorada de Shanghai está Ana Queipo , otra ferrolana exiliada en el lejano Oriente. Ana me explica que llegó a China en el año 2003, con una beca del Igape . Después de un año se marchó, pero en el 2005 regresó como gerente de Aerolíneas Argentinas para China y, desde febrero del 2007, trabaja para un grupo pesquero gallego internacional (¡menudo carrerón!). Ana cuenta que le gustan muchas cosas de Shanghai y que sobre todo disfruta «con la velocidad a la que muta la ciudad». «Da vértigo ver cómo los barrios cambian de forma con la construcción de nuevos rascacielos y las demoliciones de hutongs , que son como las favelas brasileñas pero en versión local», me cuenta a través del correo electrónico. Ana explica que allí todo evoluciona más deprisa que en cualquier lugar del mundo, aunque los cambios son «más superficiales». De ahí los contrastes que se pueden ver por la calle y que no dejan de soprenderla: «¡Hay tantos!... Los rascacielos y los andamios de bambú; las autopistas elevadas y la chica que vende pescado a pie de calle en una mínima sábana; y también lo sola que puede sentirse una algunas veces, a pesar de la alfombra humana que te engulle, de la cantidad de gente que hay por las calles». Ana asegura que en Shanghai está aflorando una nueva generación con muchas ganas de trabajar -«hay una tremenda sed de medra social»- y coincide con Carmen en que el fútbol es el mejor embajador de España. A los extranjeros los llaman «laoguais» y para ellos, según cuenta Ana, «los españoles, los franceses y los italianos nos parecemos mucho y hablamos muy rápido». Nos tenemos que despedir. Así que adiós. O, como dirían en Shanghai, zai jian.