Los coches colapsan las vías de acceso al Arquitecto Marcide

FERROL

Muchos usuarios estacionan de forma irregular por las prisas y la falta de plazas

01 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Aparcar en las cercanías del Arquitecto Marcide es una odisea. La falta de espacio es tan acuciante que cada día cientos de conductores optan por meter sus vehículos en uno de los múltiples leira-parkings que circundan el centro hospitalario. Todo vale para dejar el coche: las zonas verdes, los pasos de peatones, la parada del bus, la de los taxis, las plazas para discapacitados, las aceras... «Aquí lo único que se respeta, y menos mal, son las zonas que están reservadas para las ambulancias», se queja Juan Vigo, presidente de Radiotaxi Ferrol.

Sus compañeros son los primeros afectados por la falta de aparcamiento, la mitad del espacio que tienen reservado suele estar lleno de coches. Es habitual encontrar a 18 en fila y ni un solo espacio para los taxistas, que se resignan al desorden. Tampoco lo tienen fácil los discapacitados, que se encuentran a veces con sus espacios ocupados por coches sin acreditación para estacionar allí.

Tampoco se salvan las paradas del autobús. Normalmente los coches intrusos no las invaden por completo, pero en muchas ocasiones sí logran ocupar el espacio suficiente como para que el transporte tenga que detenerse en el medio de la calzada que pasa ante el Marcide, lo que provoca tapones de tráfico de forma regular.

En cuanto a las zonas verdes, están casi tan peladas como el desierto del Gobi. Se han convertido en auténticos leira-párking, y ya es costumbre estacionar en ellas aunque esté prohibido. En esas zonas es posible encontrar en hora punta más de treinta vehículos.

¿Por qué aparca mal tanta gente? Sobre todo porque las plazas gratis son escasísimas, tanto que el pequeño aparcamiento ubicado frente al centro es uno de los últimos de la ciudad en los que todavía es posible encontrarse a un gorrilla en acción.

El párking subterráneo

Lo más sencillo para los usuarios de un vehículo privado es meterlo en el subterráneo del hospital. Solo tiene un problema, hay que pagar nada menos que 0,05 euros el minuto (los cinco primeros) y los siguientes a 0,025. Una hora sale a 1,625 euros.

Claro que la opción de buscar sitio tampoco es placentera, sobre todo si uno lleva a un enfermo en el coche. Hay un pequeño carril de servicio que llega hasta la puerta del centro sanitario, pero cuando solo viajan paciente y conductor no es una solución. Isabel llevó a su madre, Marisa, de 78 años de edad al centro la semana pasada. «¿Qué hago? -se preguntaba ya dentro del hospital-, si no quiero dejarla sola tengo que aparcar el coche, y no tengo más remedio que dejarlo mal o pagar, y el bolsillo no está para estos trotes».

La opción del taxi es quizá la más cómoda si se viaja con un enfermo, ya que no hay que preocuparse del coche una vez en el hospital, pero también hay que pagar. El viaje entre el centro (la oficina de Correos) y el hospital cuesta algo menos de cinco euros.

¿El autobús? Una buena solución si no hay demasiada prisa. Las líneas 1-b y 3 paran justo delante del hospital. Ambas llegan también hasta el puerto y la segunda pasa por Caranza. La 1-b inicia los viajes a las 06.00 horas y la 3 a las 06.20. Los últimos transportes en los días laborables salen, respectivamente, a las 22.10 y a las 20.40 horas. Puede obtenerse más información sobre las frecuencias y horarios en la web tranviasdelferrol.com o en el número de teléfono 981 383 415.