La visita al Tercio Norte del comandante general de la Infantería de Marina de Brasil estuvo acompañada de un espectacular simulacro de una operación de rescate
14 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El Tercio Norte se vistió ayer de gala en su cuartel de Dolores para albergar la visita del comandante general del cuerpo de Fuzileiros Navais (Infantería de Marina brasileña), Álvaro Augusto Dias Monteiro, que estuvo acompañado por el comandante general de la Infantería de Mariña española, el general de división Juan Chicharro Ortega, y el general de la Fuerza de Protección de la Armada, el general de brigada Ramón López Nuche. Junto al coronel del Tercio Norte, Juan Feal, mantuvieron una reunión en la que, según las fuentes consultadas en la Armada, se compartieron experiencias en relación al funcionamiento y estructura de trabajo realizado por estas fuerzas cuyo objetivo es la protección de personas, instalaciones y buques de la Marina.
Pero sirvió también el encuentro para que -después de que tuviese lugar un homenaje a los caídos, se pasase revista y se desfilase- se ejecutase un espectacular simulacro de rescate de un rehén en el que los militares ferrolanos exhibieron buena parte de sus habilidades.
Todo sucedió en un lapso de apenas cuatro minutos. De repente, en el patio del cuartel de Dolores se pasó del murmullo de las charlas distendidas tras las ceremonias a un silencio solemne y expectante. Un vehículo en el que viajaban los enemigos llegaba raudo y, de su interior, descendieron dos soldados con una rehén que fue introducida en una tienda de campaña.
Acto seguido comenzó la misión de recuperación. Desde la torre principal del cuartel dos tiradores abrieron fuego real sobre los vigilantes enemigos, que, en ese momento, habían sido sustituidos por blancos figurativos. Los disparos fueron certeros. De inmediato, se descolgaron haciendo rápel en un abrir y cerrar de ojos un grupo de soldados armados con fusiles de asalto, vestidos de camuflaje y equipados con cascos, guantes y pasamontañas. Uno de ellos portaba a sus espaldas un pastor alemán que jugaría un papel determinante -como se aprecia en la segunda fotografía- en la reducción de otro enemigo que todavía permanecía en el vehículo.
Apenas se había iniciado la operación y la rehén ya estaba de nuevo en manos amigas. Con la misma rapidez que marcó todo el ejercicio tres vehículos entraron a toda velocidad en el patio para iniciar la retirada del dispositivo. Lo primero, como siempre, proteger. Se puso a salvo al objetivo y un grupo de militares comenzó a subir a los furgones de forma perfectamente ordenada, mientras el resto de compañeros les cubrían con disparos y gases para dificultar la visibilidad de aquellos a los que les tocó hacer lo posible para frustrar el rescate. Como era de esperar, todo llegó a buen puerto. Al final, los participantes formaron y recibieron la felicitación de sus mandos. Misión cumplida en el cuartel de Dolores.