«No veas como huelen las sábanas, a hierba fresca»

FERROL

A sus 73 años y pese a tener lavadora, Elena Rodríguez usa a diario el lavadero de Valón para hacer la colada

10 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Elena Rodríguez es menuda, simpática y muy ágil. Pese a sus 73 años -«ya voy a hacer 74», aclara- es una de las escasas vecinas de Ferrol que aún mantiene la tradición de lavar la ropa en un lavadero, en el río de Valón. Ya lo hacía su madre y ha continuado haciéndolo ella. Pese a tener lavadora, todos los días baja al río con sus cubos de la ropa, que frota con una pastilla de jabón hasta dejarla reluciente. «A mí no me apura nadie», asegura entre risas para explicar los por qués de continuar con un trabajo manual que podría ahorrarse usando la lavadora. Pero Elena considera que la máquina que para muchas mujeres -hace años únicas dueñas de las labores domésticas- fue el invento del siglo, no tiene tantas ventajas. «En la lavadora, mucha suciedad no sale como no le eches lejía o la metas en agua caliente, como los calcetines blancos o las manchas de las camisas, y aquí sí», asegura. Alguna gente no entiende el esfuerzo que realiza esta vecina de Valón, pero para ella no hay comparación entre las prendas lavadas a mano y a máquina. «Las sábanas las pongo a clareo muy estiraditas y después no las plancho. ¡Y no veas cómo huelen después, a hierba fresca!», exclama. Elena Rodríguez nació en la casa que aún habita con su marido y uno de sus tres hijos. La misma de la que salía junto a su madre para lavar en el mismo lugar que aún frecuenta hoy. «Entonces había peleas y había que venir a coger sitio», asegura. El mejor lugar era el de la salida del caño del agua, mientras que las que llegaban más tarde se tenían que conformar enfrente, y ya les venía el agua con el jabón aclarado de las mejor situadas. Pese a los avances tecnológicos, Elena nunca faltó al lavadero, pese a que su familia iba en aumento y a que también trabajaba fuera de casa. Recuerda que en verano, ya abuela, llevaba a sus cuatro nietas a la playa. «Entonces tenía que lavar nueve toallas cada día y lo hacía por la noche; después me acostaba, pero ya eran las doce o la una», afirma. Hoy en día, prácticamente solo ella utiliza el lavadero, aunque de vez en cuando también lo usa otra vecina de la zona. En estos dos últimos meses tuvo que echar mano con mayor frecuencia de la lavadora, ya que le operaron un pie, aunque ayer volvió a su práctica, frotando una cortina y otras piezas. Como casi única usuaria, Elena Fernández se ocupa del mantenimiento del lavadero, aunque pide al Ayuntamiento que «de vez en cuando venga a limpiarlo» y a reparar las grietas.