Un nuevo abogado se ha hecho cargo de la defensa del acusado de matar a una joven de Cedeira, en el verano del pasado año. Es el cuarto, si bien los tres primeros fueron de oficio y el actual, Víctor Bouzas, es un profesional contratado por un amigo de Francisco Javier Prieto Santamaría. Sin negar que el fontanero ferrolano fue quien atrajo a Mar Becerra al edificio de Cedeira en el que trabajaba instalando calentadores para matarla luego, el defensor sugiere que se está ante un caso de homicidio y no de asesinato, como sostiene el fiscal.
La diferencia en años de cárcel entre homicidio y asesinato es sensible. Para Víctor Bouzas, Prieto Santamaría no tenía ánimo de matar a la chica pero se sucedieron «un cúmulo de desgracias» que desencadenaron el crimen. La defensa mantiene que el fontanero sufría trastornos psiquiátricos, principalmente una depresión fuerte, que alteraba su voluntad. Sí ocultó luego el cadáver de la muchacha, que tenía 28 años, en la arqueta del sótano del edificio, pero «ya no controlaba nada en ese momento», dice también Bouzas.
Y añade: «Claro que hay un hecho cierto, una chica muerta, una verdadera desgracia para su familia, pero la justicia dice claramente que el reo debe ser condenado en el justo grado, teniendo en cuenta todas estas circunstancias. El defensor no ha escatimado elogios al juez instructor, titular del Juzgado Mixto de Ortigueira. «Ha sido una instrucción de una pulcritud de libro», apunta. Una instrucción que se realizó por la Ley del Jurado, porque Francisco Javier Prieto Santamaría, que tenía 43 años cuando estranguló a Mar Becerra, tras atraerla al edificio diciéndole que era guardia civil y que la necesitaba de canguro para cuidar a sus hijos, será juzgado por un tribunal popular. La causa se encuentra en su fase final. Sólo faltan por realizar varias diligencias, como que presten declaración algunos familiares de la fallecida, para que el juez instructor la remita a la Audiencia para el señalamiento del juicio.