Ante la falta de olas y el entusiasmo por seguir adelante con el campeonato, la organización del Pantín Classic decidió moverse al área de competición de Marnela en la jornada del domingo. Fue como regresar a los orígenes pues, la primera edición se celebró en dicho lugar y veinte años después, la historia se repite.
Un improvisado toldo de tablas y telas sirvió como cabina para los jueces, que tuvieron que dejar las nuevas tecnologías a un lado y usar papel y bolígrafo para anotar las puntuaciones. «Fue interesante ver trabajar a los jueces como antes», explicaba Jesús Busto, presidente del Océano Surf Club.
Lo más emocionante era «ver que la gente se levantaba para ver la prueba», decía Busto. Quizá esto se deba a un sentimiento común: un gran cariño por Pantín.