El clásico del arenal valdoviñés se consagra, en su vigésima edición, como la prueba decana de Europa y el Océano Surf lo hace como el club más antiguo de Galicia
09 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Corría el año 1987 cuando cinco amigos decidieron unirse ante un proyecto que les entusiasmaba: crear un club de surf. Carlos Bremón, Vicente Irisarri, Carmen Aguilar, Gonzalo Barro y Fernando Montalvo, fueron pioneros en traer este deporte a Galicia, con el Océano Club Surf.
Ante la creación de un organismo en el que ampararse, nació la necesidad de hacer un campeonato de surf, el cual debía tener proyección internacional, pero no era fácil... «En el subconsciente de Vicente estaba la idea de hacer un campeonato importante», explica Carlos Bremón, uno de los fundadores.
Tanto fue el empeño que en 1988 crearon un campeonato open para todos los surfistas que quisieran apuntarse. Era la primera edición del Pantín Classic. Para promocionarlo hicieron un cartel de lo más rudimentario en el que se apreciaba todo lo que les había llevado al punto de organizarlo. «Nació como un niño, con ingenuidad y frescura», argumentaba Bremón, rememorando con gran apego aquellos años.
Fue curioso que, ante la falta de participantes internacionales y las ganas de dotar de cierto prestigio a la prueba, sus fundadores se encontraron en una fiesta a varios surfistas extranjeros que por circunstancias se hallaban en la zona ferrolana, y decidieron convencerlos para que participaran. «Nosotros aportábamos entusiasmo y ellos su presencia», decía entre sonrisas Carlos.
Gracias a ellos y al empeño del recientemente creado Océano Surf Club, la primera edición del Pantín se pudo llevar a cabo con más éxito del que pensaban. A raíz de esto, los surfistas se enamoraron de Pantín: el arenal, el paisaje, la comida y el buen ambiente consiguieron que regresaran al año siguiente.
En estos primeros años había problemas de infraestructuras, pues no contaban con un gran presupuesto. La antigua caseta de socorrismo era el lugar desde el que los jueces presenciaban la prueba, el bar estaba formado por una tabla y dos caballetes. Sin embargo, el mítico surfista Jorge Imbert fue uno de los primeros en creer en el campeonato y ofrecer su apoyo desde Euskadi, pues trabajaba para Quicksilver y les cedió la posibilidad de trabajar con la marca. Algo que, según Bremón, «hizo que en un par de años Pantín tuviera una proyección multiplicada por diez».
Tras los comienzos, el clásico fue creciendo año tras año, hasta convertirse en lo que es hoy en día, «un campeonato de surfistas y para surfistas», según Carlos, quien afirma: «Es una playa que admite surfearla en todas las mareas».
Pero aun queda un reto más, conseguir que el Pantín Classic llegue al nivel del proyecto para el que fue pensado: formar parte del campeonato del mundo WCT (World Champion Tour), «algo similar a la Fórmula 1 del surf», concluye Bremón.