Un galerista atípico

Francisco Varela FERROL

FERROL

JOSÉ PARDO

Fundó Arboreda en 1976 con la ayuda del ministro Rodríguez Sahagún; pronto se convirtió en una de las mejores salas de arte de Galicia, a pesar de las dificultades que atravesaba la ciudad

16 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?aniel Alvariño abrió Arboreda en 1976. Una pequeña galería situada en Canido a la que aportó su colección privada y obra que le cedía Agustín Rodríguez Sahagún, luego ministro de Suárez, propietario de Altex y Frontera, dos de las más importantes salas de arte del Madrid de entonces. Ahora que Daniel ha fallecido a punto de cumplir los 70 años -su amigo Rodríguez Sahagún se murió ya hace bastantes años- parece obligado recordar que los dos estuvieron vinculados a los astilleros. Daniel como abogado de Astano y el galerista madrileño como ministro de Industria en los prolegómenos de la reconversión. Pero estaba claro que la construcción naval no era lo suyo. Daniel había cumplido la voluntad de su padre, estudió Derecho, se incorporó al astillero pero en cuanto pudo dejó todo por el arte, literalmente. A partir de entonces Arboreda fue un sitio distinto. Un lugar de encuentro al que Daniel le aportaba sensibilidad y estilo en medio del páramo de entonces, con una vocación universalista. De las paredes de la sala colgaron o cuelgan obras de Abelenda, Bello Piñeiro, Calderón Paredes, Javier Cabo, Don Clarke, María Antonia y Rosalía Dans, Guerra Calle, Zacarías González, Lago Rivera, Cristino Mallo, Buciños, Alejandro Pascual... El cliente que llegaba, un poco confuso ante tal marea, era recibido por Daniel, y desde hace 14 años, también su hijo Benito seguidor de su tarea. Como un médico especialista estudiaba sus gustos hasta encuadrarlos con éste o aquel artista. Si era muy pronto, pues, una copita de vino, una charla amigable y dejar pensar. Cada año, cerca de diciembre, montaba en el hostal Reyes Católicos una exposición con parte de sus fondos que se hizo célebre entre los compostelanos. Pero también sabía que su ciudad, a la que amaba profundamente, está formada por asalariados. Para ellos montó Ventana de Arte: sus asociados pueden pagar el cuadro a plazos, capitalizando sus aportaciones. Quienes constituyen el club reciben periódicamente información detallada sobre nuevos fondos, artistas que la galería quiere dar a conocer, consejos. Así, muchos amantes de la pintura tuvieron cumplida información sobre las tendencias de la segunda mitad del siglo XX desde una galería de Canido. Porque habría tenido inmensas posibilidades de montar su galería en Vigo, con su pujanza de la industria privada, o ?A Coruña, Madrid o Barcelona. No lo quiso y permaneció en Ferrol a pesar de que los tiempos no eran buenos para el arte y pervivía un mercado de tendencias ya en desuso. Ello no fue obstáculo alguno para que desde Arboreda consiguiese un enorme prestigio en Galicia y España. Su hijo Benito, ayer momentos antes del acto religioso en su memoria, decía que el mejor regalo que su padre le ha hecho fue la galería. La generosa personalidad de Daniel, que supo como pocos valorar a Laxeiro, ayudó a muchos a comprender un cuadro, a sentirlo, sin que el cliente se notase en ningún momento manipulado. Era capaz de transmitir esa confianza, serenamente, sin prisa. Uno, luego en su casa o al acercarse a otro cuadro de un autor diferente, comprendía el significado de aquel breve comentario que le había hecho Daniel un día cualquiera en su galería. Sólo los maestros como él son capaces de transmitir el verdadero amor al arte.