La dura espera de un padre

Francisco Varela FERROL

FERROL

RAFAEL ESTÉVEZ

Perfil | Juan Alberto Zapata Trujillo Zapata, con plena confianza la justicia española, aguarda en Ferrol la sentencia del crimen de su hija (el caso de Narón), cuyos restos quiere llevarse a Colombia en cuanto pueda

04 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?uan Alberto Zapata Trujillo pasea estos días por Ferrol a la espera de la sentencia del juicio sobre la muerte de su hija Natalia. Es la pequeña supuestamente asesinada por el novio de la que fuera su mujer con o sin conocimiento de ésta, algo que la Audiencia tendrá que aclarar. Ha venido de Colombia para comparecer en la vista y a punto estuvo de no poder salir dados los problemas que le puso uno de los funcionarios del consulado español. En el convulso valle de Cali, donde vive, ha conseguido reponerse del golpe que supuso el crimen. Rehizo su vida con otra chica con la que vive desde hace unos ocho meses y se gana la vida como mensajero en una motocicleta. Pero el juicio ha reabierto las heridas. «Imposible olvidar, ha sido muy duro. Es que se han agrandado las heridas», comenta. Fueron tres sesiones del juicio en la Audiencia Provincial de A Coruña de las que apenas se ausentó. Hay cosas que no sabía y que los forenses han explicado con detalle. «Creo que mi niña sufrió mucho». La trayectoria Juan Alberto vino a España en el 2002 junto a su compañera Paola Andrea Vélez. En septiembre de ese año nació la pequeña Natalia pero las cosas no salieron tan bien como suelen esperar los inmigrantes que buscan futuro en España y por eso, en octubre del 2003, Juan Alberto regresó a Colombia llevándose a su niña, entonces con un año. Aproximadamente un año después, la madre viajó a Colombia y regresó a España trayéndose a su hija. Era octubre del 2004. Para entonces, Paola Andrea también cambió su residencia de Madrid y se vino a Galicia, donde tenía unos familiares. Acabó residiendo en Piñeiros, en Narón, donde sucedió la trágica muerte, el 18 de junio del 2005, justo nueve meses después del retorno a España. Juan Alberto, ahora con 29 años, nada sabía de que su compañera había iniciado nuevas relaciones en España. Si la sentencia no se conoce esta misma semana, Juan Alberto tendrá que retornar a Colombia, porque los medios con que cuenta no le dan para más. Pero tiene «plena confianza en el tribunal. Me voy tranquilo y con mucha fe en la justicia española». Repite en varias ocasiones su agradecimiento a los abogados Ricardo Pérez-Lama y Rocío Beceiro, que se ocuparon de las acusaciones, particular y por la asociación Clara Campoamor, de forma completamente desinteresada. Más tarde quiere regresar a España para llevarse las cenizas de su hija. «Aquí no tiene familia, quiero que esté cerca de mí».