En directo | En coche por el vial, segunda parte Las obras de los últimos días evitarán que la parte inferior de los coches corra peligro; también facilitan el tránsito, y evitan tener que sobrecargar los motores a la hora de abandonarlo
02 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Túnel nuevo, viaje nuevo. Repetimos la experiencia de estrenar el pasadizo que fue inaugurado en la víspera del Día de los Inocentes. El vehículo es, como en la anterior ocasión, un Nissan micra de 80 caballos y motor de gasolina. Sólo lleva dos ocupantes, ubicados en los asientos delanteros. La vez anterior la impresión fue tirando a muy mala. El pequeño utilitario se dio unos buenos porrazos al final de las pendientes de entrada, y eso respetando escrupulosamente la velocidad máxima de 30 kilómetros por hora. Pero las cosas han cambiado bastante. Un vistazo a pie a las entradas del pasadizo permite advertir dos buenos manchas de asfalto. Están al principio y al final de cada cuesta, y evidencian, al igual que las marcas en los bordillos del asfalto, que se ha rebajado la cuesta. Y, claro, el coche ya no bota. La conducción es bastante más cómoda y el vehículo incluso es capaz de salir, ahogándose sólo un poco, del túnel en la marcha número cuatro, una hazaña impensable hace tan sólo unas semanas. Las obras han solucionado el problema de las pendientes de entrada, difícilmente un turismo dará con lo bajos en el suelo, pero no han convertido el plomo en oro. El interior del túnel sigue, como no podía ser de otra manera, exactamente igual que cuando fue inaugurado. Es angosto y mantiene esas curvas relativamente suaves que complicarán el tránsito de los vehículos grandes. Las prisas de última hora para que volviese a funcionar dejaron huella, o más bien polvo. Tras la reapertura, el túnel parecía el Támesis, lleno de una niebla amarronada que fue desapareciendo con el tiempo. También sigue habiendo bastantes piedrecitas que rebotan contra los bajos de los automóviles. Aunque el Ayuntamiento tenía previsto desde el miércoles abrirlo al tráfico hoy, a punto estuvo de frustrarse el plan. Casi lo impide la pintura roja de un paso de peatones de la avenida de Vigo. Los operarios lo pintaron a toda prisa a las seis, para que estuviese seco en media hora. Pero la humedad ralentizó el proceso. Eran las siete y media y la pintura aún manchaba. Media hora más y quizá la apertura sería hoy.