Crónica | Las consecuencias de la ola de incendios del verano Un cortafuegos de dos kilómetros de largo excavado por operarios de la Xunta causa lluvias de lodo y deja sin suministro de agua a 18 viviendas de la parroquia
09 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Las consecuencias de la ola de incendios del pasado agosto aún pesan sobre 18 familias de la parroquia de Vilasanche. El día 11 de aquel mes los servicios de extinción de la Xunta excavaron un cortafuegos de dos kilómetros, que se llevó por delante la cañería que les llevaba el agua desde el manantial de Regueiro de Feal. Desde entonces, no han reparado los daños. Y sólo tienen agua desde finales de septiembre, cuando los bomberos de Ferrol instalaron una manguera que les lleva agua hasta un depósito. Los vecinos afectados tratan de que la Xunta asuma los desperfectos, pero no podían calcular todas las consecuencias de «a carneirada», como llaman al cortafuegos. Los problemas les llegaron con las fuertes lluvias de finales del año pasado. El cortafuegos modificó las bajadas de agua desde la montaña, y proyecto los pequeños regatos contra sus casas. El más afectado es José Tomás Rouco, un vecino «de toda la vida» del lugar. Las riadas causadas por la lluvia proyectaron contra su vivienda una lluvia de barro y piedras de diverso tamaño. José Tomás tuvo que emplear sacos con tierra para detener el aluvión, aunque no fue capaz de impedir que el agua le llegase «por las rodillas». Barricadas vecinales El problema serán las próximas lluvias, temidas en la zona porque podrían traer otra lluvia de piedras. Rouco, ayudado por otros vecinos como José Seoane o Alberto Sordo, ha construido algunos pequeños muros en medio del cortafuegos, con el objetivo de evitar que la riada vuelva a chocar directamente contra su casa. Pero ese esfuerzo puede ser «insuficiente» si llueve demasiado, por lo que todos están seguros de que la situación sólo mejorará con ayuda de la Administración. El papel de lidiar con la burocracia de la Xunta le ha caído a Alberto Sordo, el más joven de la zona a sus 32 años. No le han dado facilidades. La Xunta le envió una misiva hace unos días en la que le pedía documentos que ya les facilitó hace meses. Sordo no es muy optimista con las futuras consecuencias del cortafuegos. Un paseo por la zona evidencia que sus temores y los del resto de los vecinos están justificados. La enorme zanja, de varios metros de anchura, atraviesa un denso bosque de eucaliptos y la mayoría de los arrancados reposa en el suelo. Al lado de los tocones muertos ya crece la maleza, tanto en zonas quemadas como en las que no fueron arrasadas por las llamas de agosto. «Será un combustible moi perigoso para o próximo verán», señala José Seoane con el asentimiento de los demás vecinos. Están seguros de que si nadie les ayuda, los incendios volverán en los días de calor de este año.