Crónica | Gran final del concurso de piano Elegidos entre 45 intérpretes, Mihkel Poll, Marina Baranova y Jae-Hyuck Cho compiten hoy por ser el mejor de un certamen que ha brillado por su alto nivel
06 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Sería difícil comprender que hoy el teatro Jofre no se llene por completo. Nadie debería perderse la final del concurso de piano Cidade de Ferrol. El nivel del certamen ha sido muy elevado y los tres finalistas son intérpretes de primera categoría, músicos capaces de sacarle las lágrimas a un profano ensimismado que escuchase los ensayos con orquesta de ayer por la mañana. Mihkel Poll tocará el concierto para piano número uno de Chaikovski. Poll es un jovencito estonio que sobrepasa con creces los 185 centímetros de altura (tiene problemas para moverse por los bajos del Jofre sin chocar con el techo). Su altura, las manos de pianista y el pelo cortado a la taza le confieren ese aspecto de profunda intelectualidad que el tópico asocia a los nórdicos. Afirma, tras algunos titubeos, que su objetivo es ser «lo mejor músico posible» y que el público quiera verle en directo. Chaikovski le encanta, y se le nota cuando lo interpreta. Viene de una saga de músicos y sus padres, a los seis años, le preguntaron qué quería tocar. Él se fue directo al piano. Practica y estudia continuamente, pero no es una máquina. La ferrolana que lo aloja estos días afirma que es «un sol», y que le encanta la tortilla. Los primero que aprendió en castellano, previa consulta del diccionario, fue «tortilla mucho bueno». De Ferrol le ha encantado poder ver el mar desde el conservatorio en el que ensaya. El segundo intérprete Jae-Hyuck Cho, coreano que vive desde hace veinte años en Nueva York, es completamente diferente. Es el primer músico de su familia (cogió el primer piano a los cinco años en la guardería) y, aunque también le gustaría dar grandes conciertos, quiere enseñar música. Es muy expansivo y parece el galán protagonista de una película oriental. Interpretará a Rachmaninov. La enérgica música del compositor ruso le va que ni pintada. Tocará el concierto número dos, una obra muy conocida, de la que han salido canciones como All by myself, de Eric Carmen, o Full moon and empty arms de un tal Frank Sinatra. Volverá a la ciudad «preciosa», cuando haya terminado la competición. La tercera finalista Marina Baranova es la tercera finalista. Es ucraniana, habla un inglés algo menos brillante al de sus compañeros, pero no les va a la zaga con el piano. Marina interpretará el concierto en La menor de Schumann, el romántico más trágico y apasionado de los románticos alemanes. La elección parece sentarle, como en el caso de sus compañeros, como anillo al dedo. Marina, de grandes ojos claros, explica que le «encanta» Schumann. Lo dice de una forma que parece una declaración de amor. También confiesa que desea seguir dando conciertos y «quizá, cuando tenga cuarenta años, dedicarme a enseñar música». También comenzó en la música cuando era muy pequeña. Su padre y su madre son pianistas, parece imposible que hiciera otra cosa cuando tecleó por primera vez con cinco años. El jurado Natalia Lamas, la presidenta; Julio García Casas, Doménico Codispoti, Leonel Morales y Arnulf von Arnim van a pasarlo mal. Quizá no tanto como los finalistas, pero parece que no les va a ser fácil decidirse por uno de los tres. Deberán elegir un vencedor, que se llevará diez mil euros; y un segundo y tercer puesto, que se embolsarán, respectivamente, 6.000 y 3.600. Pero el dilema no va a estar en premiar en metálico a uno o a otro, si no en decidir cuál ha sido el mejor sentado frente a las 88 teclas. La música empezará a sonar hoy a partir de las ocho y media de la tarde. Podrán verrlo depositando cinco euros en taquilla, un precio que suena a regalo ante tanta calidad, e ir es una buena solución para quienes no les guste la música. Oírles es curarse ese mal.