En directo | Marcha 50 kilómetros a pie La octava edición de la caminata entre Ferrol y Teixido fue un éxito con más de 240 participantes, el tiempo fue bueno, la brisa y la llovizna aliviaron el esfuerzo de andar doce horas
10 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?ás de 240 personas de toda Galicia ofrendaron ayer sus extremidades inferiores a San Andrés. Lo hicieron en la marcha de 50 kilómetros que desde hace ocho años une Ferrol con la ermita del santo ubicada en Teixido. Xan Ramírez, presidente del Club Montaña, que organiza todo, espera que la marcha se consolide y atraiga turistas al norte gallego. La comitiva salió a las ocho y media de la mañana. Los primeros pasos fueron nerviosos, el temor a que el sol poderoso de los últimos días aplastase a los caminantes marcaba el ambiente. Mientras caían los primeros kilómetros el día fue descubriendo poco a poco sus cartas: iba a respetar a los participantes. Además, les regaló algo de brisa fresca y al poco rato la velocidad de la caminata se incrementó. La marcha alcanzó el punto de aprovisionamiento de O Esperón cerca de las doce del mediodía, más de quince minutos antes de lo previsto. Allí había plátanos, naranjas, agua, refrescos, barritas de chocolate y una caja de cacahuetes, que guardados en los bolsillos de los participantes harían el papel de reservas energéticas para más tarde. La subida hasta el lugar de aprovisionamiento fue la primera criba importante. Hubo al menos un abandono allí. En esta edición el Club Montaña de Ferrol decidió evitar la cumbre del monte, coronada por un imponente molino eólico, para caminar durante más tiempo por caminos de tierra. La mayor parte de los participantes lo agradecieron mucho, la subida del 2005 fue durísima y hubo muchos más retiradas que esta vez. Tras la hora de comer la marcha se endurece, pero los ánimos no decaen. Los veteranos aseguran que cinco o seis horas se caminan bien. Uno de ellos, Nicolas Otero, que participó por quinta vez, señala el horizonte de los 40 kilómetros como inicio de los problemas. Tras esa distancia los pies arden. Nicolas dice que hay que ir despacio: «Tienes doce horas y no es una carrera, aunque alguno se lo toma demasiado en serio». Tras nueve horas de camino algunos se miran las ampollas resignados. Los estudiantes de podología que colaboran con la organización alivian los casos más dolorosos. La mayoría de los participantes, con unos cuantos callos nuevos, llega a San Andrés, su destino. La marcha termina.