Esta vez, todo el mundo en pie

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REPORTAJE GRÁFICO: JOSÉ PARDO

En directo | La ceremonia Ayer no estaba Bono, pero aún resonaba su bronca de la anterior entrega; sin ningún ministro, Navantia entregó la F-310 a su tripulación, que recibió a los invitados a bordo

05 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Esta vez, a la locutora no se le pasó por alto el detalle: «Por favor, pónganse en pie para escuchar el himno nacional español». Y eso que el acto era en honor a la Armada noruega y que la voz que sonaba por megafonía tenía un fuerte acento nórdico. Sonó el himno, con toda la concurrencia firme, y a muchos de los presentes se les tuvo que venir a la cabeza el recuerdo de la última fragata entregada por Navantia, en aquella ocasión a la Marina española. La anécdota de aquella jornada fue el fenomenal rapapolvo que dedicó el ministro José Bono a los que no se habían puesto en pie, y sobre todo a quienes no lo habían recordado en la presentación del acto. Ayer no había ministros de por medio, pero sonaron los dos himnos y todo el personal los escuchó con una actitud especialmente marcial, por si las moscas. Antes de que sonaran las músicas nacionales, el acto arrancó a ritmo de pasodoble español, con la tripulación en formación ante el que estaba a punto de convertirse en su barco. Poco a poco se fue completando el protocolo. Primero, el director de Navantia Ferrol, Ángel Recamán, firmó la entrega con Trond Karlsen, director general de la Organización Logística de la Defensa Noruega; éste informó de la recepción al almirante Jan Finseth, jefe de la Marina nórdica. Por último, Finseth dio permiso para subir a bordo al comandante, Hallvard Flesland, a quien encomendó cuidar y guiar con tino la nueva embarcación. Los protagonistas Mientras todo esto ocurría, desde la tribuna saltaban los flashes en las cámaras de los oficiales de ambas Marinas; entre el público, el predominio de pieles blancas y melenas rubias delataba la procedencia nórdica de los protagonistas de la sesión. Ya sobre la cubierta de popa, Flesland recordó a su tripulación algunas de sus obligaciones morales: defender el honor de la bandera y sacrificarse por el Rey. Tras proclamar su satisfacción con unos cuantos «¡hurra!», la dotación de la F-310 recibió a bordo a los invitados a la ceremonia, quienes pudieron observar de cerca los detalles de la fragata. Por ejemplo, su peculiar sistema de control del personal a bordo, mediante un tablón con los nombres de todos los tripulantes y un pestillo abierto o cerrado al lado de cada uno de ellos.