DE FRENTE | O |
17 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.SIN APENAS conocerme, se ofreció a explicarme donde quedaban lugares de tan dificil pronunciación como Barallobre o Sillobre. Se lo agradecí porque los caminitos se me hacían cuesta arriba cuando, a contra reloj, intentaba buscar la noticia en el rural fenés. No tuvo problemas en coger el teléfono a deshora o a explicarme cosas tan básicas como que en Fene el movimiento asociativo tenía un gran calado y que, si quería buscar información, llamase mucho a los vecinos «que aquí gústalles falar a todos»,-me dijo con una sonrisa-. Tampoco le importó echarme una buena reprimenda el día que, a su juicio, metí la pata. No se libró de que al día siguiente le llamase porque sus conocimientos sobre la realidad fenesa y su generosidad para transmitirlos era inmensa. Hasta el día en que se fue, yo no sabía que Pancho había sido una figura clave en la lucha del sindicalismo contra la reconversión industrial ni que llevaba toda una vida en el Concello. Sólo me dio tiempo a saber que era buena persona y que, a día de hoy, todavía no se lo había agradecido.