En directo | Dentro del campamento urbano Decenas de niños se reúnen cada mañana en el Cantón para realizar diversas manualidades, aprender pasatiempos tradicionales o inventar historias
07 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Aseguran que normalmente se pasan las mañanas delante de la tele, el ordenador o la consola, pero estos días los han cambiado por las manualidades o los juegos populares. Se trata de los participantes del CUFO 2005; es decir, de las decenas de niños que han convertido el Cantón en un campamento urbano. La jornada comienza a las diez de la mañana. A esa hora llegan los pequeños, que tienen unas edades comprendidas entre los 5 y los 12 años. La cifra de participantes varía cada día, oscilando entre los 50 y los 100 niños. Al cargo de todos ellos se encuentran diez empleados de la empresa de gestión de tiempo libre Motus. Los monitores dividen a los pequeños en función de sus edades y de las actividades que van a realizar. Unos grupos utilizan el parque del Cantón como escenario de sus divertimentos: el pañuelo, zapatito quieto es, la gallinita ciega... Juegos viejos que, en ocasiones, resultan nuevos. «No conocen muchos de los entretenimientos populares. Les dije que iba a traer una comba y me preguntaron qué era eso», comenta María, una de las monitoras. Mientras algunos juegan en el exterior, otros grupos realizan actividades en la Casa del Ajedrez. Las mesas se encuentran repletas de cartón, lana o pajitas. Cualquier material es bueno para ser transformado en un objeto. Los niños trabajan en erizos hechos de pipas y plastilina, en monederos de viñetas de cómic o en serpientes de corcho. Las tareas están pensadas para todos los gustos. «Lo que más me divierten son las manualidades, sobre todo la serpiente», opina Sergio. «Yo prefiero los juegos al aire libre», le responde Inés. También existen diferencias en cuanto a la dificultad. «Los del grupo de los pequeños hacemos figuras de papel y los mayores otras más complicadas, como las carteras», explica Manuel. Los cuentos conforman otro de los entretenimientos de este campamento urbano. Los de menor edad escuchan narraciones y después las utilizan como inspiración para dibujar. Los mayores Los grupos de los mayores van más allá. No se limitan a oír historias, sino que son ellos quienes las crean. Los monitores les proponen un tema y los niños dejan volar su imaginación. Princesas y caballeros medievales se mezclan con los personajes de El Señor de los anilllos . Don Quijote comparte escenario con los Caballeros de la Mesa Redonda. Hasta estrellas televisivas como Boris Izaguirre se cuelan en estos relatos infantiles. Hacia las dos de la tarde, los padres recogen a los pequeños. «El campamento es bueno para los niños y para sus progenitores. Los primeros se divierten y también sirve de ayuda para los padres que trabajan», asegura Marga, otra de las monitoras. La inmensa mayoría de los pequeños regresan a casa con una sonrisa. Algunos, como Elías, Míriam o Álvaro, prometen volver al día siguiente. Han creado figuras con sus manos, han aprendido juegos y han hecho nuevos amigos. Se van satisfechos de abandonar, aunque sólo temporalmete, la tele y los videojuegos.