Crónica | Recaudación para las víctimas del maremoto El festival celebrado ayer por Unicef a beneficio del sudeste asiático es la última de una serie de iniciativas solidarias ajenas a la acción institucional
29 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El foco mediático ya no alumbra con tanta intensidad el sudeste asiático, pero los problemas continúan y muchas organizaciones trabajan y lo seguirán haciendo durante meses en la reconstrucción de la amplísima zona destruida por el maremoto del 26 de diciembre. En ese contexto, el grupo local de Unicef contribuyó ayer a mantener vivo en Ferrol el soplo de solidaridad que permite respirar a las víctimas. La excusa, un festival de rondallas, con siete grupos de la comarca participantes. La causa de fondo, la ayuda para los que sufren los efectos del tsunami. Y en particular, los niños, que son el objetivo principal de la acción de esta organización. Por eso, el colectivo decidió dejar la voz cantante a los pequeños, que presentaron a las diferentes rondallas antes de sus actuaciones en el salón de actos del recinto ferial de Punta Arnela. «Estamos muy contentos. La gente ha respondido muy bien. Ya estamos pensando en organizar algo parecido el año que viene...», explicaba después del evento la presidenta de Unicef Ferrol, que estimó en 250 los espectadores asistentes al festival. A tres euros la entrada y contando con la fila cero habilitada, la recaudación del día probablemente rondó los mil euros. A mayores, Unicef tiene abiertas varias cuentas para recibir donaciones a las que siguen llegando pequeñas cantidades de particulares. Precisamente de particulares, sin afiliación directa a ninguna organización ni amparo institucional, han nacido varias iniciativas dignas de ser subrayadas. Aglutinando fuerzas Un buen ejemplo es el que ha dado el Tostaky, un restaurante-bar de Pontedeume que el jueves celebró una fiesta para reunir fondos para Asia. De nuevo la música fue el reclamo para aglutinar fuerzas y euros: grupos y artistas locales pusieron el sonido; un buen puñado de comerciantes, sus productos de forma desinteresada, y el público, el espíritu solidario. Total, 1.500 euros de caja (y subiendo, porque aún quedan cosas a la venta) que se enviarán a la organización USC-Satunama, un colectivo que trabaja para mejorar las condiciones de vida del sudeste asiático desde antes del tsunami que lo asoló todo. Menos la solidaridad.