Crónica | Los hombres se suman al pósito mugardés La profesión del marisqueo a pie tiene sexo femenino, pero hay excepciones; en la arena de Mugardos, a partir del 2005, setenta y nueve mujeres compartirán oficio con cuatro varones
28 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La división sexual del trabajo también afecta al mundo del mar: mientras ellos surcan el agua en barcos de altura o bajura, ellas siguen ancladas a la costa, encorvando el lomo al cielo cada día y arañando con sus manos los frutos escondidos bajo la arena. Las cifras no mienten: el 95% de las personas que viven del marisqueo a pie en Galicia son mujeres. Y en algunas zonas de la costa, ese porcentaje todavía se eleva más, incluso hasta tocar techo. Es el caso del litoral mugardés, donde el cien por cien de quienes se dedican a escarbar las playas tienen nombre femenino. Ha sido así durante los últimos años, pero la situación cambiará muy pronto, porque la Xunta ha decidido otorgar al pósito catorce nuevos permisos para fanear -los famosos permex- y cuatro de las personas seleccionadas para sumarse a la agrupación son hombres. Junto a diez mujeres, esos cuatro varones deberán pasar ahora por un curso de marisqueo para adiestrarse en el oficio y, una vez que hayan aprendido la teoría, se convertirán en socios de la cofradía. Entonces llegará el momento de la verdad, o lo que es lo mismo, el momento de echarse a la arena. Teresa Carnero, patrona mayor del pósito, promete que en sus feudos no habrá discriminación: «Con nosotras no van a tener ningún problema; al contrario, a nosotras nos da tranquilidad que haya hombres acompañándonos cuando vigilamos el banco para ahuyentar a los furtivos y, a lo mejor, al final, hasta resulta que por ser sólo cuatro, van a ser los mimados del grupo», comenta la mariscadora. Y sobre sus cualidades en el arte de capturar almejas, Carnero se muestra igual de imparcial. «Hay gente a la que se le da bien y otra a la que se le da mal, pero eso no tiene nada que ver con el sexo», dice llena de razón. Eso sí, la mariscadora no oculta lo que se les viene encima a esos cuatro hombres: un sueldo que no llega a los 3.000 euros anuales -muy por debajo que los salarios de los mariscadores que faenan a flote- y mucho esfuerzo: «El trabajo es duro porque coges mojaduras, fríos y llegas a casa con dolor de riñones, pero ya se sabe, el mar es así; si lo llevas dentro se aguanta todo», dice Carnero.