Brillante maestro de toda una época

La Voz

FERROL

01 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?ientras el desastre del 98 llevó a buena parte de los grandes creadores españoles de su tiempa asumir -y proyectar- una tétrica visión del tiempo en el que les tocó vivir, Álvarez de Sotomayor hizo suya una mirada sustancialmente más luminosa, sólo ocasionalmente pesimista y casi se diría que, por lo general, festiva. El año 1905 marca un hito en su carrera. Fue entonces cuando, tras regresar a Galicia para asitir a la boda de su hermano -a una Galicia que sin duda también miró entonces con ojos nuevos- redescrubre el paisaje de su infancia y hace del color de su pintura el espejo de todo un país. Es entonces cuando, maestro de toda una época, Sotomayor comienza a pintar las fiestas, mercados, romerías y procesiones que inmortalizó para siempre. En Chile Tres años más tarde, sin embargo, decide marchar a Chile, donde pasa un par de años. Al regresar a España -en ese caso a Madrid- se convierte en uno de los retratistas de la Corona. Entre otros cargos desempeñó el de director del museo del Prado.