TRIBUNA | O |
19 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CON LA llegada del verano muchas familias gallegas recurren a los campamentos de verano para disfrutar unos días de descanso sin sus hijos. Un panorama que poco tiene que ver con el programa Vacaciones en paz que promueve la asociación Solidariedade Galega co Pobo Saharaui. Las diferencias entre un niño que tiene que vivir a diario en un campamento de refugiados y un niño occidental saltan a la vista. La televisión, los videojuegos, la ropa de marca, cosas tan cotidianas para un niño de aquí, suponen un mundo nuevo para los pequeños saharauis. Tan cerca y tan lejos. Para las familias de acogida es todo un reto: un idioma distinto, otra cultura, otras costumbres,... Para los niños saharauis, dos meses de evasión y diversión. Pero el esfuerzo reconforta, sólo hay que ver a una familia gallega disfrutando de su «hijo», para darse cuenta de la felicidad y gratitud que traen consigo. La mayoría de las familias repiten la experiencia con la esperanza de que regrese el mismo niño que el verano anterior; sin embargo, no siempre es así. En estos casos, el intercambio se convierte en la única opción de mantener el contacto con los pequeños. Son las otras vacaciones, el camino inverso. La familia occidental que se adentra en el mundo y el entorno saharaui. Pronto, miles de niños deberán regresar al campamento de Tinduf. Pero, esta vez, en sus maletas habrá muchos regalos, muchas historias y muchas ganas de volver a Ferrol. Que el viaje de regreso sea bueno. Y la estancia, mejor.