COMO EL afán privatizador en la Administración no cesa, uno se encuentra el mejor ejemplo de esta tendencia en los jardines públicos. Llegas a cualquier ciudad con alcalde del color X (este afán empapa todas las tendencias) y te encuentras el mismo modelo de zona verde. Se repiten los tiestos de pensamientos, ciclamen o cineraria de la ciudad que dejas atrás y parecidos, en su diseño, al próximo pueblo. Es comprensible. Los servicios que salen a concurso suelen acabar en manos de grandes grupos empresariales. Lógicamente, para abaratar costes, adquieren la vegetación en grandes compras o contratan previamente las especies que plantarán en la siguiente campaña. Por eso, quizá, convendría revisar el criterio general y estudiar la recuperación de los viejos viveros que tenían los ayuntamientos para darle a la cosa un toque más personal. Incluso puede ocurrir, siempre que exista interés político, que el presupuesto municipal no sufra con el cambio. Las tendendias actuales tratan de evitar plantaciones en masa de flores de un día (bueno, de una semana) por sus altísimos precios, a las que tan aficionados fuimos en Ferrol en tiempo reciente. Se busca combinar arbustos y especies florales de temporada. De manera que los tiestos ocupen menos del 20% de la superficie del conjunto. Es posible que volviendo a los viejos viveros municipales, los ciudadanos pequeños y mayores aprendamos a cuidar más nuestras zonas verdes. En otras ciudades ya han iniciado este camino con éxito tras rescatar servicios privatizados en los tiempos locos de entregarlo todo a la gestión particular. De seguir con este afán, quedará sólo la policía local como único servicio público. A los jardines les queda bien la mano pública del jardinero municipal.