Testigo directo | El seguimiento del escrutinio en las sedes de los partidos Por Internet, por el móvil y por la televisión, la noticia del triunfo electoral caló en la sede socialista de Ferrol como un logro largamente esperado; mientras, el PP escenificaba su decepción y el BNG, su incertidumbre
15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Domingo electoral. Nueve y media de la noche. Los resultados de la votación llegan en dosis pequeñas, como un latido constante. Cada diez minutos hay noticias, y cada ráfaga de nuevos escrutinios mejora las perspectivas socialistas. Amable Dopico entra, con un móvil en la mano, en la sala de la sede ferrolana del partido en la que sus compañeros siguen la televisión. «Tengo buenas noticias de Ferraz. Esto va a ser incluso mejor...», dice a sus compañeros, que mezclan gestos a medio camino entre la sorpresa y la ilusión. A todos les gusta lo que dice Amable Dopico, porque, además de mucha ilusión y alegría contenida, entre los socialistas ferrolanos cunde el mosqueo por eso del «voto oculto», las papeletas que se escrutan hacia el final y que suelen ser proclives a las filas conservadoras. «Ya verás, nos ganarán por uno», dice con sorna el más pesimista de todos, cuando al 40% del escrutinio el PSOE aventaja al PP en veinte escaños. En clave de triunfo Pero la información del recuento, que están siguiendo por Internet y televisión, continúa llegando a buen ritmo y con cifras alentadoras para el PSOE. Nadie ha dado todavía por definitiva la victoria de la izquierda. Pero los comentarios ya se hacen en clave de triunfo: «Ya iba siendo hora», dice la parlamentaria Natividad González Laso. Otras dos militantes se abrazan ante la simbólica cartelería que preside la sede: desde una pared, como una premonición, la foto de un sonriente José Luis Rodríguez Zapatero contempla el contenido entusiasmo de los socialistas de Ferrol; desde otra, Pablo Iglesias, ferrolano y padre fundador del socialismo español, transmite solemnidad en un momento histórico para el partido. A la misma hora, el ambiente es radicalmente opuesto en un hotel de la ciudad que acoge momentáneamente el cuartel general del PP ferrolano. El escenario es más lujoso, pero también más triste. Un pequeño grupo de personas sigue la evolución de los resultados en una pantalla gigante. Todo el mundo se huele ya una mala noche. Los dirigentes locales del partido y uno de sus candidatos al Congreso están encerrados en una sala anexa, a la que se impide el paso de los periodistas. Más tarde, a los informadores ni siquiera se les permitió permanecer en el salón en el que se reunieron líderes políticos y sus familiares y simpatizantes. Dos sentimientos El tercer punto caliente de la noche está en otro hotel ferrolano, donde aguardan los nacionalistas. Allí, Francisco Rodríguez se pasea frente al televisor de un lado a otro cual león enjaulado. Los últimos datos dan al BNG entre dos y tres diputados, pero el ferrolano sabe que su escaño en Madrid no es el que corre peligro. De vez en cuando, se detiene y bromea con alguno de los militantes. Cuando se confirman los resultados de las elecciones, Rodríguez expresa dos sentimientos: por un lado, cierta decepción por la pérdida de representación para el nacionalismo; por otro, las interesantes expectativas que para su partido abre el escenario de mayoría relativa. Mientras, en la sede del PSOE, la victoria está a punto de ser un hecho consumado y se multiplican las felicitaciones. Muchas de ellas viajan por mensajes a móviles. En un momento dado, se hace el silencio ante el siguiente anuncio de un informativo de la tele: «Los resultados parecen indicar que el ganador de la noche electoral es... Vladimir Putin», dice el periodista, adelantando resultados de los comicios en Rusia. Los socialistas sonríen tras el momento de confusión: «Tranquilos, esto no es lo nuestro», dice uno de los presentes entre la carcajada general. La calma solicitada se va mezclando con gestos de alegría que cada vez se expresan de modo más claro. Tanto como lo es ya la sorprendente realidad de la noche: que la victoria, esta vez, no se les escapa. Y que ZP no es una quimera, sino el futuro.