«Este es un trabajo duro, pero también muy bonito»

B. Antón FERROL

FERROL

JOSÉ PARDO

Testimonio | Pilar Testa Esta naronesa -«de Pedroso de toda la vida», puntualiza con una sonrisa- asegura que la conservería «da mucho que hacer», aunque piensa que se puede convertir en un buen medio de vida

24 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?ilar Testa aún guarda en la despensa algunas de las conservas que aprendió a fabricar de la mano del Círculo Gacela. Las hay de pimientos morrones, de zanahorias, de champiñones.... «Parte de las conservas las hacemos a partir de la cosecha propia y otra parte con hortalizas ya compradas», explica veloz ante la expresión de duda. Pilar no se metió a cultivar pimientos para ganarse el pan -desde hace más de veinte años esta cocinera tiene su trabajo en los fogones del Hospital General-, pero cree que el sector de conservas vegetales puede convertirse en una nueva fuente de riqueza. «Hoy por hoy veo muy difícil que lo que producimos se pueda comercializar, pero en el futuro quién sabe... Este trabajo puede ser un medio de vida como otro cualquiera; es duro, pero también muy bonito», advierte Pilar. Mientras habla, el secretario del Círculo Gacela, Manuel Domínguez -«don Manuel», como ella lo llama- escucha con atención. Y, de vez en cuando, también interviene. «Esto es un proyecto muy largo, que requiere su tiempo; mi sueño sería que dentro de 15 o 20 años hubiera en la comarca un sector fuerte de conservería, aunque suene a utopía». Pero este hombre, veterinario de profesión y en su día jefe de Extensión Agraria de la Xunta, no cree en las quimeras. «¿Por qué va a ser una utopía? -advierte a renglón seguido-. Al campo se le puede sacar más partido; lo importante es que ahora se empiece a producir en plan familiar, para que algún día, en el futuro, se pueda comercializar». A Pilar se le nota que confía en las palabras de «don Manuel» y también en el programa de horticultura al aire libre de Gacela. Además, asegura que hacer las conservas no es tan difícil como parece. Primero se cocinan los pimientos -a la plancha, al horno o cocidos-, después se envasan al vacío, con su jugo, sal y limón y... ¿Ya está? «Pues no -aclara Pilar- Después todavía tienen que cocer 45 minutos al baño maría».