CONTRAPUNTO | O |
27 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.SOLO HAY QUE dar marcha atrás dos décadas y nos hallaremos una realidad en los astilleros de la ría parecida a la de estos días, salvo que, entonces, el PSOE ocupaba el Gobierno y el PP los bancos de la oposición. Mutatis mutandi , si hoy leemos aquellos ataques que Romay Beccaría, entonces diputado, dirigía al ministro Solchaga (Industria), y omitimos al interpelante, que contaría luego con un segundo de a bordo no menos belicoso (Arsenio Fernández de Mesa), parecen suscritas por un cargo socialista o nacionalista. El nivel de optimismo de la sociedad ferrolana va parejo al índice de desempleo. Por tanto no debe sorprendermos que vivamos tiempos bajos. Aquella alegría del consumo, la vida social y el correr del dinero de los ferrolanos que sorprendía a los coruñeses de finales de los años 60, con unos astilleros pletóricos, no se conocía desde los 20 cuando la Ley de Escuadradas trajo el primer maná (temporal). Hoy, tras veinte de intentos de diversificación del tejido industrial, podemos decir que la meta sigue lejos. Cuando estornuda la cartera de pedidos de Izar se acatarra Ferrolterra y para ejemplo tenemos al alcalde de Narón buscando subsidios para los nuevos parados que atribuye a los despidos en las contratas de los astilleros: de nuevo, los astilleros. Un excelente informe de la Fundación Tilde (otro más), escasamente leído, ofrece una alternativa sensata: evitar la subvención tradicional, fomentar el desarrollo de sectores de la economía local no explorados y evitar la grandilocuencia de grandes proyectos porque si fracasan es más pesimismo. Mientras tanto, los sindicatos tienen razón en pedir soluciones ¿Qué opción les queda?