El plan de saneamiento permitirá pagar a los empresarios en el 2004

La Voz

FERROL

La aprobación del presupuesto en pleno será el primer paso del complejo proyecto para equilibrar las maltrechas arcas locales. Y es que el Concello arrastra una deuda a bancos y pequeños empresarios que supera los 40 millones de euros. Una cifra récord que pone en jaque toda la economía municipal y que ha llevado a la coalición conservadora a proponer que sus cuentas se controlen directamente por el Ministerio de Hacienda y la Consellería de Economía. Los pasos: El primer problema ya lo detectó el Consello de Contas, organismo fiscalizador independiente, que constató en las cuentas del 2000 algunas irregularidades entre ingresos y gastos (había un desfase de 3,3 millones de euros), unos problemas que, posteriormente, se prolongaron doce meses después al prorrogarse el presupuesto, con sus virtudes y defectos anteriores. El Consello recomendó que el gobierno local adoptase un «saneamento da súa facenda pública [...] cumprindo de forma rigorosa a legalidade vixente». Los presupuestos del 2004 -el primer paso de todo el proceso- ya tienen en cuenta esa advertencia. El plan. El programa del Concello estipula que durante los cuatro próximos años las cuentas locales pasen a controlarse directamente desde Madrid y Santiago. El Concello prevé llevar a aprobación dicho documento en enero. Supondrá que el Concello se someta a una serie de compromisos en materia de gastos y con un estricto control en los ingresos, una tarea de corresponderá al Imfacofe. Ese organismo se ha profesionalizado con la nueva recaudadora, con capacidad para ejecutar embargos. Esa mejora en lo que recogen las arcas es una medida fundamental para acercarse al equilibrio. El endeudamiento. El tercer ángulo del plan económico se sustenta en el plan de endeudamiento. Si la Xunta da el plácet a todas las medidas que le presente el Ayuntamiento, se podrá transformar en deuda bancaria toda la deuda actual. Se podrá, de esta forma, pagar a todas las empresas y pequeños proveedores de servicios que llevan meses -incluso años- esperando para cobrar.