Crónica | Encierro en el salón de plenos La última medida de presión llevada a cabo por las trabajadoras ha sido la más dura e incómoda; sin embargo, parece haber traído consigo interesantes resultados
12 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A mediodía, con los huesos doloridos después de toda una noche en vela, la pregunta sobre la experiencia del encierro consistorial le suena a broma de mal gusto a la mariscadora de Mugardos: «¿Pois como queres que pasen a noite sen dormir unhas mulleres de sesenta e pico anos...?». Mal, claro: trasnochar en un salón de plenos no resulta precisamente una idea atractiva. A pesar de lo cual, la gran mayoría de las mariscadoras que en los últimos días han participado en las movilizaciones se apuntaron a esta experiencia, dejando claro que lo que no era una broma era su advertencia de que llegarían hasta donde fuese necesario para hacerse oír en Santiago. Y lo consiguieron. ¿Casualidad? Quién lo sabe. Poco después de que el sol comenzase a entrar por los ventanales del salón de plenos en el que habían pernoctado, llegaban de Santiago noticias alentadoras: al fin, habrá reunión con la consellería. Antes de eso, las mariscadoras movilizadas habían matado el tiempo charlando y jugando a las cartas; no había otra, porque la mayoría de ellas no iban provistas de colchonetas ni otros sucedáneos. Así que, en los bancos del salón principal del consistorio, y quizá en las sillas que habitualmente utilizan los concejales, pasaron las horas convencidas de que llevan razón. «Queremos defender o dereito ó traballo», sintetizaba una de ellas al finalizar el encierro, que en sus últimas horas mantuvieron en convivencia con los habituales «habitantes» del concello: para ellos, políticos y funcionarios, sólo tenían palabras de agradecimiento: «Axudáronnos moito. Ata nos puxeron un teléfono...».