CONTRAPUNTO | O |
23 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.AHORA SABEMOS que al futuro conductor ferrolano le cuestan más las tasas de exámenes que a los protoconductores coruñeses. Lo mismo ocurre con el hospital público: no es lo mismo ser una parturienta en el Arquitecto Marcide que en el Materno Infantil o en cualquier otro centro del Sergas. Aquí todavía no está implantada la anestesia epidural. O que en diferentes especialidades, se disparan las esperas. En muchos servicios públicos, el ferrolano está en desventaja respecto a otras ciudades de Galicia. Por eso creo que es tarea de nuestro respresentantes afrontar estas realidades. ¿Qué es más prioritario, que todos los escolares dispongan de comedor a comienzo de curso o la operación urbanística X? ¿Qué le interesa más al ciudadano, que se reduzcan las listas de espera en el Marcide o que se construya un auditorio de cinco mil plazas? En una ciudad donde la pirámide poblacional se escora hacia los ancianos, ¿lo perentorio no es poner en marcha programas de ayuda antes que cualquier otra iniciativa? Probablemente ningún cargo público sea mejor para conocer estas carencias que el puesto de concejal o alcalde. De manera que va siendo hora de que nuestros representantes más inmediatos dejen de sacar cada mañana un conejo de su chistera y aterricen. Porque Ferrol partía ya con desventaja en sus servicios públicos en el concierto de las siete ciudades gallegas. Resuelto el principal problema de comunicación terrestre con la inauguración del último tramo de A-9 (a fin de año), pienso que es el momento de comenzar a detenerse en cuestiones tan elementales como que nos operen de cataratas a tiempo, o que no tengamos que viajar a A Coruña para cualquier papeleo. Es un agravio comparativo.