En directo | A bordo de una Yamaha Los coches entran en las rotondas sin atender a las motocicletas, los asfaltados deficientes mueven al conductor en su asiento y las bandas rugosas suponen un grave riesgo
27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Doce de la mañana. Plena hora punta en Ferrol y el tráfico hecho una locura. Sobre una Yamaha de 49 centímetros cúbicos comienza el recorrido por la ciudad. El primer obstáculo se presenta la salida del cantón de Molins: una parece empequeñecerse cuando se sube en una moto. Los coches adelantan a la motocicleta pegados a la carrocería. No cambian de carril, sólo se apartan lo justo. ¿Dónde está el metro y medio reglamentario que deben guardar en los adelantamientos? En la rotonda de González Llanos, ya en Esteiro, los turismos se incorporan a ella mientras la Yamaha está dentro. La máquina sortea a los automóviles y enfila hacia Caranza, donde las grandes avenidas aumentan la velocidad. La Yamaha no puede confiarse, porque si pasar una banda rugosa a 20 kilómetros por hora ya hace que el conductor se eleve unos centímetros del asiento, circular sobre ella a 40 (velocidad máxima permitida) le haría saltar por los aires. Media hora de recorrido y nadie, nadie, parece haberse dado cuenta de que una moto es un vehículo. El punto y final así lo demuestra: no se puede aparcar en el centro, a menos que se opte por estacionar en la acera o entre dos coches. Lo que le ocurra a la moto con cualquiera de las dos opciones, eso es otra historia.