TRIBUNA | O |
08 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO VIAJAMOS por vacaciones todo es diferente, estamos más relajados o estresados, tendemos a mostrar nuestro ser social, soñamos más. Dejamos atrás una realidad monótona que nos rodea el resto del año. Hay muchas formas de hacer turismo, podemos pensar que nosotros guiamos el velero, o que es el viento el que realmente lo guía. Que vemos las estrellas, o son ellas las que nos observan. Algunos buscan emociones fuertes, otros el relax. Playa, campo, turismo cultural o solidario. Todo cabe dentro de la sociedad de consumo, con tal de disfrutar de unos días al año. Pero a veces los viajes, nos deparan muchas sorpresas, y en vez de las respuestas que uno buscaba, le asaltan un sin fin de preguntas. Y se da cuenta de que existen países donde la historia va al revés. Lugares donde bajo pretexto de una ideología revolucionaria, se niega cualquier tipo de iniciativa o libertad individual, atentando contra los más simples derechos humanos de forma sistemática. Donde en una cama duermen tres y los niños aprenden a mentir por necesidad. Donde paraíso e infierno, conviven día a día y a lo largo de nuestra estancia. Y pese a todo, uno no dudaría en regresar. De vuelta, en nuestra rutina, mientras digerimos lo vivido, valoramos un poco más lo que tenemos y regresamos a Ferrol en fiestas.