MONTE VENTOSO | O |
27 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ÉRASE una vez el primer puerto exterior gallego, con calados superiores a veinte metros y un dique de 1,1 kilómetros, apto para el atraque de cuatro buques de gran porte a un mismo tiempo, llamado a recibir quince millones de toneladas de carga anuales. Érase una vez una obra descomunal, que requería excavar tanta tierra que harían falta 1.075 piscinas olímpicas para contenerla, prolongada en el tiempo 44 meses, ciertamente agresiva con el medio. Érase una vez una macroinversión, 96,7 millones de euros sólo en su primera fase, fundamental para diversificar la actividad en una comarca deprimida, cuyo impacto sobre el PIB de la comunidad autónoma se estimaba en casi un punto porcentual. Érase una vez la gran dársena de Caneliñas, de la que cada día debían salir unos 3.000 camiones pesados por una carretera convencional, una carretera de un carril por cada sentido de circulación, una carretera de siete metros de ancho, la carretera de la playa. Érase una vez una realidad que sonaba a cuento. Lo escribió un señor de nombre Álvarez Cascos. De reír y de reír.