DE VIAJE | O |
05 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL DÍA del reencuentro sindical en Ferrol fue, paradójicamente, el de la dispersión de los mensajes. Nunca en los últimos siete años (los de la derecha en el Gobierno central) tuvieron las fuerzas de oposición, en las que de hecho se enmarcan los sindicatos, tantos argumentos que esgrimir contra el poder. Y estaba cantado que el Primero de Mayo iba a servir para disparar fuego masivo al PP con la munición que dieron el Prestige y la guerra. Las intervenciones de los líderes sindicales de Ferrol confirmaron que el tema central de la jornada, la reivindicación de derechos de los trabajadores, quedó casi reducido a un asunto marginal. A una causa olvidada. El caso es que, así y todo, el azote a la clase gobernante no se limitó al asunto del barco hundido ante la pasividad e inoperancia de la autoridad, ni a esa guerra absurda que el Gobierno español respaldó de forma humillante. Los sindicalistas clamaron también contra los abusos israelíes en Palestina, contra la violación de la soberanía de los pueblos y hasta contra la lapidación de la tristemente famosa mujer nigeriana Amina Lawal. En fin, que podrían haber celebrado el Día de la Clase Trabajadora pidiendo una solución para los indígenas de Chiapas, que ellos también son de Dios. O, ya puestos, reclamando tarifa plana y la eliminación del programa de José Luis Moreno, que son causas bien dignas. La movilización social de los últimos meses, y la de ayer, son la mejor prueba del mosqueo ciudadano. Pero la dispersión en los mensajes resta fuerza a una causa legítima y primordial como la del movimiento obrero. No es que no llevaran razón en lo que decían. Pero era el Día del Trabajo. Y hay que estar a lo que se está.