Vida y milagros de Dan Sampana

FERROL

A este ghanés lo condenaron por robos y palizas; salió airoso tras imputársele la muerte de un compatriota en A Coruña y al cabo de un mes le acusan de un asesinato en Ferrol

25 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Francisco Pardavila y Victoria Villadóniga permanecieron unidos hasta el último suspiro. Los cuerpos de este matrimonio ferrolano, sesentón y vecinos del barrio de Tejeras, los encontró su hijo bajo la cama del dormitorio en la madrugada del 31 de octubre de 1999. Quien les dio muerte se preocupó de juntar los cadáveres para que no fueran vistos al entrar en la habitación. Pero el brazo del hombre asomaba levemente como queriendo dar la voz de alarma desde el más allá. Paquito, el menor de los Pardavila, tardó en ver la extremidad. Hasta su novia comió un bocadillo de anchoas sentada en la cama sin saber que mataba el hambre sobre un lecho de muerte. Cuando el hijo del matrimonio apartó la cama gritó como poseído. Nada más aparecer la policía dijo quién era el asesino: «Es un negro, se llama Dan Sampana». La policía de Ferrol puso cerco a la ciudad. A la mañana siguiente, una patrulla apostada en la estación de autobuses daba el alto a Sampana. Joyas y ropa lavada Un agente metió su mano en el bolsillo del chándal que vestía Sampana y sacó un lote de joyas. Eran de Victoria Villadóniga. Abrieron su mochila y hallaron ropa húmeda, recién lavada. La enviaron al Instituto de Toxicología de Madrid y allí encontraron restos de ADN de las víctimas. Al preguntarle al detenido sobre cómo llegó la sangre de las víctimas a su chaqueta, dijo que por un accidente: «La vieja se cortó abriendo una lata de aceitunas y yo mismo la curé». Sampana llega a Tejeras gracias al hijo de las víctimas, Francisco Javier Pardavila, alias Javito. Este chico, metido en mil correrías, de pinchazo en vena y bolsillo sin un duro, conoció a Sampana en la cárcel de Teixeiro. El ghanés lo libró de alguna paliza porque nadie le tosía. Sampana fue absuelto del crimen de A Coruña el 30 de septiembre de 1999 y el 23 de octubre viaja a Ferrol. Pregunta por Javito. Lo llevan a Tejeras y se funden en un caluroso abrazo. Según el hijo de las víctimas, Sampana le dice que lleva días sin comer y necesita un techo en el que dormir. Habla entonces con su padre, que accede. Durante el día, Sampana se droga y hasta llega a colaborar en un pequeño golpe en un supermercado, según el propio Javito. Durante la noche, charla afablemente con las víctimas. El día de autos El día de autos amanece como cualquier otro. Sampana y Javito pasan el día juntos hasta que, a eso de las ocho de la tarde, el ghanés se retira a casa de los fallecidos. Sampana recuerda que aquella tarde Javito le dio una pastilla que lo tumbó, perdiendo la memoria. Pero el fiscal se fía más de Javito. Cree que Sampana subió al domicilio y golpeó al hombre hasta provocarle la muerte. Ni tuvo siquiera que emplearse con dureza porque Francisco Pardavila sufría del corazón y estaba laringetomizado. Con los cuerpos, según el fiscal, hace un bulto y los esconde bajo la cama. Coge la fregona, limpia las paredes y los suelos. Lava su ropa y sin dejarla secar hace la mochila. Abandona la vivienda y pasa la mañana en el bar de abajo, tomando carajillos y cerveza. Hasta que a eso de las dos de la tarde acude a casa de Javito. Allí se tira en una cama y al acomodarse se le cae uno de los anillos de la difunta. Montse, la novia de Javito, ve la joya y da la voz de alarma.