?as lagrimas empañaron los ojos del alcalde hasta por dos veces. Antonio Campo recordó a sus padres, que, como los demás orteganos, sufrieron durante años la «carretera infernal» de As Pontes. Con la voz entrecortada por la emoción aseguró: «Si mi padre estuviera hoy aquí, sería el hombre más feliz del mundo», al comprobar esos carriles nuevos, anchos, lisos, de negro asfalto reluciente. Los aplausos de los vecinos consolaron al emocionado alcalde. Pero el regidor y empresario también hizo sonreír a los cientos de orteganos que no se perdieron detalle de la intensa visita del presidente de la Xunta. Incluso Manuel Fraga esbozó alguna que otra sonrisa ante los comentarios de Campo, al que calificó de «buen amigo» y del que alabó con profusión su capacidad de oratoria. En todos sus años de estudios, dijo el presidente, nunca había conocido a nadie con semejantes dotes para comunicarse con el pueblo. Porque Campo, añadió Fraga, habla con el corazón.