«Nunca podré devolver lo que esta ciudad hizo por mi hijo»

FERROL

CÉSAR TOIMIL

Óscar Aneiros, padre del niño paralítico cerebral que necesita cuatro operaciones en Rusia, cierra la cuestación tras conseguir más de 20.000 euros en un mes

05 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La vida de Aarón ha dado un vuelco sustancial en un mes, con la ayuda de unos modestos carteles tamaño A4, pegados en calles y cafeterías de Ferrol y A Coruña, y la sorprendente eficacia del método de un doctor milagro ruso. El niño ferrolano, aquejado de parálisis cerebral, no sólo ha experimentado una mejora notable en sus movimientos tras ser sometido a una primera operación, sino que ya tiene pagadas de antemano las otras tres intervenciones que tendrán que hacerle. La solidaridad mostrada por colectivos y particulares dibuja en el rostro de Óscar Aneiros, padre de Aarón, un gesto entre el agradecimiento y la incredulidad. Antes de hablar con este diario, según nos confiesa, venía pensando una lista de agradecimientos, como cuando a uno le dan un premio y no quiere olvidarse de nadie al subir a la tribuna de oradores. «Pero ahora no sé a quién agradecérselo. Todo el mundo se ha volcado. Nunca podré devolver lo que esta ciudad ha hecho por mi hijo». En fin, este discurso parece más sincero que ésos de los premios.La campaña emprendida por Óscar Aneiros para conseguir un dinero del que él y su familia no disponían ha tenido un éxito tan veloz que el padre se apresura ya a retirar aquellos carteles que un día colocó con una vaga -pero firme- esperanza. Y pide que la gente no haga más ingresos. «Claro, es algo de lo que no me quiero aprovechar», razona. Los fondos de la cuenta bancaria abierta para Aarón superan de largo los 20.000 euros. Suficiente para cuatro viajes a Rusia y otras tantas intervenciones previstas en el tratamiento. Mentalidad más abierta Óscar Aneiros, que habitualmente reside en Lanzarote por su trabajo, ha podido comprobar que la gente de la isla y la de estos pagos reaccionaron de modo muy diferente a su solicitud. «El carácter es muy distinto. Aquí, la gente tiene una mentalidad más abierta». Antes de marcharse a constatar que el niño es cada vez más dueño de su cuerpo, entorna una mirada pensativa y resume: «Ha sido increíble».