La tripulación del buque coincide al asegurar que el último viaje les ha proporcionado vivencias que nunca olvidarán, como el rescate de 95 náufragos somalíes
13 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«Si tardan un poco más en llegar ya sería abandono de hogar», bromeaba ayer a pie de muelle la mujer de un miembro de la tripulación del buque Patiño , que regresó ayer a Ferrol después de cuatro meses de navegación por el Mar Arábigo, a miles de kilómetros de su base. Bajo la atenta mirada de decenas de familiares -sobre todo mujeres y niños-, el barco inició con puntualidad británica, a las 9.30 horas, la maniobra de atraque en el muelle número 10 de Izar Ferrol. En pocos segundos, la impaciencia se transformó en indisimulada alegría cuando los marinos bajaron la escalera que les llevaría a tierra. La mayoría con un bronceado impropio de este tiempo en estas latitudes del mapa. La arribada a puerto puso fin a la que todos recuerdan como la navegación más especial del Patiño . La de los contrastes. Vivir de cerca la pobreza más absoluta que reina en Djibouti y los lujos que ofrecen a los visitantes algunas ciudades turísticas árabes. Pero sin duda, la vivencia que ha marcado el viaje fue el rescate de 95 náufragos en una embarcación somalí, a los que proporcionaron alimentos y ayuda médica antes de evacuarlos. «Fue una experiencia que queda marcada para siempre, poder ayudar a toda aquella gente, verles la cara de felicidad cuando los subimos al barco, eso no se olvida», aseguró el sargento David Maceiras sin soltar a su pequeña de los brazos.Mariano Torres también sostenía ayer a su hija Anita, contento porque, a pesar de haberse marchado poco después del nacimiento de su pequeña, se acomodaba en sus brazos sin rechistar. Este teniente de navío también puso el acento en la vertiente humana de la misión y en los lazos que se estrechan entre la tripulación en navegaciones de tantos meses de duración. «Llegas a conocer mucho a tus compañeros en el barco, no tanto como a tu familia, pero casi. Algunos se convierten en amigos de verdad. Es como un Gran Hermano, pero en el mar», afirmó.