El aplausómetro dio ganador a quien más sale en la televisión, la admiración del público al superhombre del triatlón actual y los votos del jurado al campeón de Europa de duatlón. Entre el polifacético Sergio Pazos, el invitado Iván Raña y el ganador del premio al mejor deportista ferrolano, Javier Gómez Noya, se armó la mundial. De la terra da chispa trajo el reportero ourensano el ingenio para hacer amena una gala que se estiró y estiró hasta las casi cuatro horas de duración. Condujo el acto caiga quien caiga , enviando mandobles a políticos, niños, invitados y quien se puso por delante. Alguno se lo mandaron con la mirada los niños malos de la plaza de Armas durante la comida, con la música de películas del oeste de fondo. Y es que el cuiñazo del jueves, el Prestige y la situación de la política local dan mucho juego. «Gracias por invitarme a Lalín... Ai, non, que é Ferrol. Pero como por aquí tamén hai mareas políticas...», bromeó Pazos, quien buscó novia para más de un premiado y se ofreció a alguna ferrolana: «Agora que xa podo casar en Ferrol, coa guardería da Marina, porque eu quero unha muller de armas tomar». Los premiados El paseíllo de los premiados levantó alguna suspicacia. El presidente del Ferrándiz, Alfredo Vergara, apeló al clásico de la «noite na eira do trigo» para preguntar a la chavalada «quen puidera convosco voar». Pero, ¿a quién se le ocurrió que fuera Fernando Blanco quien le entregara el premio a la vieja gloria? ¿A Amable Dopico? ¿A Isidro Silveira? ¿A Cuíña? El tema levantaría más debate que la elección de Francisco Javier Gómez Noya, elegido el mejor deportista ferrolano del año por todos los miembros del jurado menos uno. Hasta sus rivales por la Carabela de Plata, el levantador Iván Rouco y el nadador Joaquín Abascal, lo aceptaron con fair play , como mandaba la ocasión. Algún cargo público pudo tomar nota de cómo hay que saber perder. El verdadero debate lo levantó el postre en las mesas. Ni los camareros, ni los periolistos , ni los campeones del mundo de engullida libre acertaron a saber qué era aquel insípido trozo. Daba igual, como dijo Pazos, «co que aquí se comeu non vai facer falta a regasificadora».