Dudas en la plaza de Armas

La Voz R. S. | FERROL?

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?o era nueva la noticia que sacaban los papeles; tampoco las discrepancias internas de un Partido Socialista del que algún militante decía sentir «auténtico sonrojo». «El grupo municipal estaba haciendo el ridículo en los últimos meses», recordaba el concejal Bonifacio Borreiros, uno de los protagonistas del día que se vio en el trance de comparecer ante los medios hasta tres veces: dos por cuestiones culturales (su área) y una tercera para dar su versión sobre la decisión de la ejecutiva gallega. No le faltaron adjetivos ni para el aparato ni para el que fuera su hombre de confianza en 1999, Amable Dopico. «Es un correveidile del otro partido de la coalición», advertía.? Tampoco se olvidó de recordar que en la reunión que propició los cambios (el pasado viernes) Dopico pidió su dimisión a instancias del BNG. Otras fuentes del partido aseguran que esa fue la petición nacionalista (después del pleno al que no acudió el edil de Cultura) pero que Dopico no exigió ningún cese. ?? Nombres y números? En medio de tropel de nombres y números que no terminaban de casar y apuestas que no terminaban de cerrarse, los políticos optaban por la prudencia antes de realizar cualquier valoración. Los implicados directamente eludían la afirmación de que el pacto estaba roto. Todo lo contrario, según el juicio de Borreiros y Blanco, que ya ejerció como portavoz en una reunión de vocales. Sin embargo, los otros cambios (la tenencia de Alcaldía y la presencia en Comisión de Gobierno) aún no son efectivos. ?? Sin cambios? Por eso los encargados de representar al grupo socialista en esa reunión fueron Dopico y Blanco. Sólo el alcalde -que ayer rehusó valorar los cambios socialistas, apelando, también, a la prudencia- tendría potestad para invalidar esos trueques. ? La situación, se hacía memoria en los pasillos del Concello, no es nueva: hubo un cambio inverso (de Borreiros a Dopico) en el 2000 «e non pasou nada». Nada porque las elecciones estaban lejos y no había candidato, como justifica la ejecutiva de Santiago. «Lo cierto que no se tendría que haber llegado a esto», decía Dopico. ?