La tercera edición de la Ciudadela Medieval recreó los orígenes del barrio más antiguo de Ferrol con artesanos, música y teatro
28 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Huele a incienso y cuero en la Plaza Vella, el corazón del barrio más antiguo de Ferrol. Por allí se pasean aprendices de juglares, meigas y algún despistado que pregunta cómo llegar al puerto. Si se cierran los ojos se puede regresar al pasado y si se abren, casi también. «Ha sido un buen año, se ha acercado cantidad de gente», comenta un vendedor de especias poco antes de la clausura de la tercera Feria Medieval. Miles de personas han visitado las algo más de cien casetas que se hicieron con el barrio el 24 de julio, un día en el ellos, actores de calle y venderores ambulantes, decidieron apostar por la cita ferrolana llegando desde Cáceres, Toledo, Madrid o Barcelona. Ayer, sin cena de despedida, hacían las maletas. «Siempre te da un poco de pena», decían en una improvisada cantina en el medio de la plaza. También se han impregnado con el olor a medivo en los bares de las inmediaciones, donde estos días se servíacomida tradicional. Esos locales eran el segundo hogar de vendedores que se apostaban con el sol ya calentando. Cuando dejaba de hacerlo era el momento en que más brillaba la feria, prolongándose más allá de la medianoche. Cuentistas, flautistas y algún fonambulista demostraban su pericia con el fuego o las palabras, una estrategia que servía para iniciar una conversación o vender extraños licores. Faltaron las justas, aunque las estrechas calles del barrio -fue la primera vez que la feria se trasladó allí- no se prestaban al galope.