Marta Díaz Lis, conductora de autobús Tiene 24 años y conduce autobuses. Sobre todo, los del transporte escolar. Dice que le gustaría que la incorporación de la mujer al mundo del trabajo dejase de ser noticia, y que para conseguir lo que uno se propone no hay como tener las ideas claras. Cree que el mito de que las féminas conducen peor que los hombres no sólo es falso, sino que contradice a la realidad. Y para argumentar sus afirmaciones aporta un razonamiento de peso: si los varones son los mejores pilotos ¿pregunta Marta¿ cómo es que hay compañías de seguros que realizan descuentos en sus tarifas cuando la que suscribe el contrato es una mujer.
15 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.En el interior de su autobús nada desvela, cuando no está Marta, que quien suele ir al volante es una mujer. «No, no puse nada. Y la figura de la Virgen del Pilar ya estaba antes», explica ella. Austeridad total. Ni un solo adorno. Eso sí, le gusta que el autocar esté limpio. Muy, muy limpio. Tan limpio que a mediodía de un día de colegio, y a pesar de llevar toda la mañana de un lado a otro, no se ve, entre los asientos ¿ya no digamos en el suelo¿, ni el más mínimo papel. «Todo es cuestión de hablar las cosas ¿dice ella¿. Si explicas que no hay por qué manchar el coche, todo el mundo lo entiende. Y los niños, también. ¿Que si en otro autocar harían lo mismo? Pues eso, la verdad ¿sonríe¿, yo ya no lo sé». ¿¿Hasta que escogió este oficio, cuántas veces había escuchado eso de que las mujeres no saben conducir? ¿¡Ufff....! Pero es que, además, eso es mentira. Y puede comprobarlo cualquiera. ¡Si las mujeres tenemos muchos menos accidentes que los hombres! Que se lo pregunten a las aseguradoras de los coches, que son las que tienen los datos. Y ya verán. ¿¿Cree que su profesión, tantas horas al volante, puede definirse como una actividad de riesgo? ¿Sí. Todo lo que tiene algo que ver con la carretera es una actividad de riesgo. Porque el peligro siempre está ahí. Donde menos lo esperas. Quizás no en la más cerrada de las curvas, que es la que te da más miedo, pero sí en una recta en la que, aparentemente, no tiene por qué pasarte nada. ¿¿Y contra ese peligro, cuál es el antídoto? ¿Actuar con responsabilidad. ¿Y sabes qué es lo mejor para eso? ¿No. ¿Recordar que la seguridad de las personas que llevas en el autobús depende de ti. Mirarlas por el espejo retrovisor y ver que van ahí, contigo. Nadie está libre de tener un accidente, porque hay factores que son completamente imprevisibles, pero la forma de comportarse al volante influye mucho. Hay muchas madres que cuando traen a sus hijos al autobús, para ir a clase o a cualquier excursión, te dicen: «Ten cuidado, ve despacio...». Y lo entiendo perfectamente, porque si yo tuviese hijos me sentiría exactamente igual que ellas. Cuando sales a la carretera, la prudencia jamás es excesiva. ¿¿Qué consejo daría usted a los conductores? No sólo a los de autobús, sino a los de todo tipo de vehículos. ¿Que tengan calma. Esa es la clave. A veces te pitan, pero tú tienes que decirte: pues si quieren pitar, que piten. Todos cometemos infracciones alguna vez, pero en la carretera también hay que saber convivir. Si no tienes paciencia, y caes en el juego de enfadarte cuando enfadarse no sirve de nada, no sólo no arreglas el problema, sino que al alterarte pones en una situación de peligro tanto a los que van contigo como a los demás. La tranquilidad lo es todo. ¿¿Y qué les diría a quienes creen que conducir un vehículo tan pesado «no es cosa de mujeres». ¿Que todo lo que puede hacer un hombre puede hacerlo una mujer. ¡Y todo lo que hace una mujer ¿ríe Marta¿ también puede hacerlo un hombre, ¿eh?!. Mira, por ejemplo: yo nunca he pinchado una rueda. Y es posible que no tenga la fuerza suficiente para cambiarla, porque las ruedas del autobús pesan mucho. Pero también estoy convencida de que hay hombres a los que les sucede exactamente lo mismo, y no pasa nada. Si tienes que pedir ayuda, la pides. Eso, en la carretera, es algo completamente normal. Ocurre muy a menudo. ¿¿La sensación de conducir un autobús es muy diferente a la de llevar un turismo? ¿No tanto como se cree. Lo que cambia es la referencia de las distancias. Pero por lo demás, no. Yo incluso me siento más segura cuando estoy trabajando. Tu asiento está más alto, tienes mucha visibilidad, puedes anticiparte a lo que sucede... ¿¿Qué le ha aportado su profesión, como experiencia humana? ¿Me ayudó a madurar. Llevo nueve meses en esto, y a veces aún me digo que ojalá mis padres pudiesen verme ahora. Creo que nosotras estamos abriendo un camino. Voy a la compra y hay gente que me reconoce. Pero lo único que me preocupa es hacer bien mi trabajo. Y tener, ante todo, mucha serenidad.