Tarareando con Sabina

LUIS LLERA FERROL

FERROL

El cantante jienense supo manejar los hilos de un público que rebosó el ajustado auditorio del parque Reina Sofía Poeta urbano, trasnochador vocacional, canalla de la prosa y de la rima. Ramillete de etiquetas con las que se le ha definido, sustentan el trasfondo en la forma de crear e interpretar de este hijo de un guardia civil, que en una de sus correrías juveniles acabó con los huesos en el cuartelillo donde servía su progenitor. Si eso no imprime carácter... Voz desgarrada que se manifiesta de forma especial en su «elepé» «Diecinueve días y quinientas noches», y que resonó de la misma manera durante su actuación en Ferrol.

06 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Era como si la cazalla o el güisqui se convirtieran en coristas de sus cuerdas vocales. Con su pose de eterno calavera, años han pasado ya desde que con el apoyo musical de una formación llamada Viceversa, cantaba o se auto-cantaba Sabina, ten cuidado con la nicotina, Sabina, ten cuidado con el Paternina..., en los tiempos en los que algunos bares cerraban sus puertas para ponerse a la disposición del Sabina de altas horas de la madrugada. No sabemos en que bar de Ferrol resonarían los últimos cubos de hielo en unas copas rodeadas de humo con aroma dulce. A la ciudad llegó, no sin ciertas suspicacias iniciales sobre su presencia, recuperado de un episodio de gastroenteritis (o al menos eso decía el parte médico) que le obligó a suspender el concierto programado para el pasado jueves en Vigo. Una excelente escenografía con aires teatrales que no faltaron a lo largo del espectáculo, el escenario reproducía una estación de tren, transformada también en fachada de un puticlub con formato de biombo. Aires de los años 40 de postguerra y proyecciones incesantes e impecables sobre una pantalla de imágenes en formatos pictórico, grafitero y fotográfico. El episodio más borroso de la noche se produjo por un fallo de previsión. Alrededor de cincuenta personas con entrada tuvieron que aguardar en la puerta con el concierto ya iniciado, impidiéndoseles inicialmente el acceso. La organización se vio desbordada por el aforo y hubo un amago de cierre de puertas, que se resolvió minutos después. Por la calle de la Melancolía Sobre el escenario, Sabina demostró ser un gran comunicador, en colegueo constante con el público ferrolano. Historias de amor de azotea, declaraciones de principio que parecían no tener fin, el mismísimo Dioni, los yuppies (cuando así se les llamaba), la calle de nombre Melancolía, una línea de metro madrileña que empieza en Tirso de Molina y recorre el subsuelo del corazón de la ciudad hasta Tribunales, atracadores de cajero automático con los que firmó un pacto. Temas, cuestiones y fauna tan dispares, sirven de argumento para que Sabina haya parido canciones que han dado mucho de sí para el tarareo de la afición que congregó en el parque Reina Sofía.