Contenidos digitales, ¿nuestros de verdad?

Pensamos que los contenidos digitales que generamos cada día son de nuestra propiedad, pero olvidamos que en la mayor parte de las ocasiones tan solo tenemos derecho a utilizarlos. No son nuestros, ni mucho menos.

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El famoso actor Bruce Willis lucha desde hace años contra el gigante Apple por una cuestión que muchas personas todavía no se han planteado: poder ceder legalmente su biblioteca de canciones compradas en la app iTunes a sus hijas. Parece sencillo a simple vista, pero el protagonista de la saga de La Jungla de Cristal está teniendo muchos problemas para que la compañía de la manzana modifique sus condiciones de uso. Y son precisamente estos textos, a veces con mucha letra pequeña y otras con mucha pero no tan pequeña, los que obviamos cuando accedemos a las docenas de plataformas que utilizamos. Apple, Google, Microsoft, Facebook, Twitter, LinkedIn, no importa cuál, siempre nos solicitan que aceptemos sus condiciones y seamos francos, ¿quién las lee?. Y, sobre todo, ¿quién las entiende?

La realidad es que la tendencia de almacenamiento pasa por tener parte de nuestros archivos digitales en nuestros dispositivos y otra parte en los servidores de las compañías que nos prestan los servicios a los que nos suscribimos. ¿Y si en algún momento queremos recuperar toda esa información que vamos almacenando en ubicaciones que son propiedad de otros? O algo todavía más intrigante, ¿qué sucederá con nuestras fotos de Facebook, los correos electrónicos de Gmail o los archivos de Dropbox cuando ya no estemos aquí? Una cuestión está clara: si no somos capaces de acreditar la posesión de la cuenta de cada uno de esos servicios nadie nos va a poner las cosas fáciles. No lo sabemos todavía, pero en alguna cláusula del contrato habremos donado nuestra información al dueño del servicio.

La solución perfecta pasa por disponer de una copia de seguridad física de nuestros contenidos digitales más relevantes archivada en una o varias ubicaciones seguras. También podemos contratar alguno de los servicios que ya proliferan en la Red y que garantizan que una o varias personas que elijamos podrán tener acceso a nuestras cuentas si nosotros nos vemos incapacitados física o intelectualmente. En pocos años algunos términos como «testamento digital» o «herencia 2.0» serán de uso habitual y entonces muchos usuarios se animarán a contratar estos servicios de recuperación de información para que sus herederos, amigos o familiares sean capaces de acceder a sus archivos digitales y mantenerlos a buen recaudo.

Por ahora, si pensamos en todos los lugares en los que almacenamos información y somos realmente conscientes de lo que firmamos cuando cedemos el derecho de uso de nuestros datos, ya estaremos haciendo mucho más de lo que hace la mayoría. Y si nos atrevemos a trazar un sencillo plan de recuperación de nuestra información ante imprevistos, quizá podamos dormir tranquilos.

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