Medicina de vanguardia para el cáncer de próstata

Los centros de atención urológica integral han incorporado pruebas como los marcadores genéticos o la biopsia de fusión y la cirugía robótica, que minimiza riesgos y secuelas. La referencia en Galicia es el Hospital San Rafael, pionero en detección precoz y el único gallego con la última versión del robot da Vinci

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El de próstata es el cáncer de órgano más frecuente en los hombres por encima de los 40 años de edad, pero la buena noticia es que, en un alto porcentaje, su detección precoz y un tratamiento certero pueden lograr la curación completa. La cuestión es: ¿Cómo podemos saber si los pasos que damos cuando sospechamos que puede haber un cáncer de próstata o simplemente cuando empezamos a cumplir años son los adecuados?

Lo primero, como en todos los procesos cancerosos de alta incidencia, es la rutina preventiva para conseguir una detección precoz. El doctor José Duarte, especialista de la Unidad de Urología del Hospital San Rafael de A Coruña, explica que siempre les dice a sus pacientes que el cáncer de próstata no tiene síntomas. O, mejor dicho, que son tan inespecíficos que podrían corresponderse con otras muchas enfermedades. Por tanto, no esperemos a encontrarnos mal. A partir de los 45 años ( o de los 40 si se tienen antecedentes familiares) es recomendable realizar periódicamente una revisión, que consiste en un simple análisis y una exploración.

A partir de ahí, y dependiendo de los resultados, es cuando resulta fundamental actuar con agilidad y afrontar un proceso de diagnóstico que hoy en día es mucho más eficaz si se acude a una unidad especializada en la atención integral en cáncer de próstata. Estos servicios abarcan desde el diagnóstico precoz hasta el tratamiento personalizado y la cirugía robótica, que no solo tiene una alta eficacia sino que también nos permite incorporarnos a nuestra vida cotidiana en tiempo récord, al ser menos agresiva y con menos secuelas que la cirugía abierta.

En Galicia ofrece esta atención el Hospital San Rafael de A Coruña, un centro de referencia en atención urológica 360 grados, que cubre todo el proceso desde la revisión rutinaria hasta la curación, si tenemos la mala suerte de situarnos en el lado adverso de la estadística. La clave que distingue a Urología de San Rafael es fundamentalmente la incorporación de técnicas de vanguardia en la detección, lo que evita tener que repetir las temidas y molestas biopsias, y la cirugía mínimamente invasiva mediante la versión más moderna del robot da Vinci, estrenada en 2014.

Ver trabajar al robot suele dejar boquiabiertos a los médicos en las sesiones clínicas. No es para menos. Una mano articulada que parece sacada de una película de ciencia ficción, detrás de la cual debe situarse la sabia mano de un cirujano curtido en la profesión, realiza cirugías con una sola incisión, con giros de 360 grados, para extirpar y reconstruir órganos o retirar tumores con una precisión inédita.

Explica el doctor Duarte que el paciente que llega al Hospital San Rafael se encuentra en distintas fases del proceso clínico: desde el que parte de un chequeo rutinario o de una sospecha fundada sin diagnóstico cerrado, hasta el que, ya diagnosticado, acude al centro coruñés procedente de otros puntos de Galicia y de España en busca de la solución más efectiva para su problema. O incluso se dan casos de pacientes que fueron intervenidos con cirugía abierta y tienen que someterse a una nueva operación.

Perfil de paciente

Para abordar este proceso 360 grados pongamos un perfil tipo de paciente según los datos de experiencia clínica que aporta el especialista: varón, de entre 45 y 55 años, que acude al Hospital San Rafael a realizarse un chequeo rutinario. Sus análisis de sangre presentan un nivel alto de PSA, la proteína producida por las células de la glándula prostática, por lo que se decide realizar una segunda prueba que indicará de forma más específica la relación del PSA total que circula libre. En este punto debemos tener en cuenta que el llamado test del antígeno prostático específico es un marcador que indica que algo pasa en la próstata, pero que no necesariamente tiene que ser cáncer. El PSA también es alto en enfermedades como prostatitis, inflamación de la próstata e hiperplasia benigna o agrandamiento de la próstata.

Ante resultados no concluyentes, optar por una atención de primer nivel marca la diferencia. En el Hospital San Rafael existe la posibilidad de realizar marcadores genéticos que determinan a partir de un análisis de sangre u orina la predisposición a padecer cáncer de próstata, y que sirven para decidir si es necesario realizar o no biopsia.

Si la respuesta es sí, el protocolo en el Hospital San Rafael indica primero una resonancia, con el fin de delimitar las áreas sospechosas de lesión. Esto es importante para el tipo de biopsia que se realiza en este centro ya que, a diferencia de las convencionales, va directa a la lesión y no «a ciegas», por lo que su resultado es mucho más específico. La llamada biopsia de fusión no solo acelera el diagnóstico sino que también evita molestias al paciente, al reducir drásticamente el número de pruebas invasivas.

Si los resultados concluyen que el paciente tiene cáncer de próstata, la intervención en esta unidad de Urología se realiza mediante cirugía robótica. El robot da Vinci ha supuesto un antes y un después para la urología, y en concreto para el cáncer de próstata, ya que no solo puede significar curación, sino también calidad de vida en aspectos tan importantes como la función urinaria o genital.

El Hospital San Rafael es el único de toda Galicia que cuenta con el último modelo del sistema de cirugía robótica Da Vinci XI, «tripulado» por un equipo de cirujanos con gran experiencia y que pueden presumir de estar entre los únicos de España que acumulan más de 150 operaciones de este tipo.

Los doctores José Duarte, Manuel Ruibal y Luis Álvarez Castelo operan tanto a hombres de mediana edad como casos precoces o varones de edad avanzada. La robótica es buena para cualquier perfil. En los más jóvenes porque permite incorporarse al trabajo y a la vida cotidiana mucho antes que en la cirugía abierta y con menos secuelas, y en los mayores porque al ser mucho menos agresiva implica menos riesgos.

No hay limitación de edad y, si el paciente quisiera, en un día y medio tras la intervención podría marcharse a su casa. A los diez días se retira la sonda y en tres semanas suele llegar el alta definitiva, un poco más si el paciente ya había sido operado antes. 

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