La ciencia diseña al humano robot

La medicina del futuro está creando nuevos dispositivos que serán implantados en el cuerpo para monitorizar funciones vitales, transmitir datos en tiempo real e incluso administrar tratamientos

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El estetoscopio tiene sus días contados. El gadget que ha identificado a los médicos en el imaginario colectivo desde que el francés René Laënnec lo trajo al mundo a principios del siglo XIX tiene todas las papeletas para acabar convertido en objeto de museo más pronto que tarde. La medicina se encuentra hoy a las puertas de un salto tecnológico seguramente imposible de describir en este momento salvo en un cómic de ciencia ficción. Píldoras que miden la grasa corporal o el grado de cumplimiento de un tratamiento, tatuajes que monitorizan la respiración, la frecuencia cardíaca y la temperatura del cuerpo, chips que controlan la tensión, lentillas que analizan los niveles de glucosa en sangre... Todos, y he aquí el hecho diferencial, conectados en red. Todos emitiendo volúmenes masivos de datos en tiempo real. La fábula del cíborg que describieron los doctores Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline hace casi medio siglo, y que ha alimentado con profusión la imaginación de los guionistas de Hollywood, es ya una realidad en prueba entre los más avanzados equipos de investigación médica del planeta. La era de la eSalud ha llegado para invadirlo todo.

Lo cierto es que la primera generación de dispositivos médicos conectados lleva un tiempo en el mercado. Representan, sin embargo, apenas una tímida señal del potencial que los científicos sugieren para este campo. Son los wearables, la tecnología que se viste. Relojes inteligentes como el Applewatch o las pulseras Fitbit. También el Quell, un dispositivo que se coloca en la pantorrilla para reducir el dolor crónico en el cuerpo, o el Thync, un gadget que, gracias a unos electrodos, envía pequeñas descargas al cerebro para alejar el estrés o activar el organismo. Son solo unos cuantos ejemplos de esta nueva moda que ha venido para quedarse.

Ocurre que la comunidad médica no se ha mostrado especialmente entusiasmada con las posibilidades de estos aparatos porque dudan de la fiabilidad de la información que proporcionan. Un artículo reciente publicado en el MIT Technology Review abundaba en esta tesis al poner en cuestión la métrica con la que recogen los parámetros del usuario, así como las dificultades con las que se encuentra cualquier facultativo que tenga interés por procesar tal volumen de datos.

Antonio Casal, médico pontevedrés especialista en el campo de las emergencias, explica que los wearables actuales sirven poco más que para monitorizar hábitos entre sus usuarios, sobre todo al principio. Para saber en definitiva si hacen más ejercicio, si descansan bien... Nada comparable al potencial de los nuevos diseños tecnológicos.

Y es que la siguiente generación de wearables, en la que están trabajando los grandes consorcios mundiales, está llamada a desterrar todos estos fantasmas que dudan de la utilidad de estos dispositivos. ¿La razón? Pues simplemente que la mayoría de ellos serán implantados en el cuerpo del usuario, de modo que estarán directamente conectados con el organismo para testar aquello para lo que hayan sido creados. O lo que es lo mismo, harán realidad el sueño del hombre máquina.

Científicos de la Universidad de San Diego, por ejemplo, han desarrollado tatuajes temporales que permitirían monitorizar los niveles de azúcar de un diabético de forma constante e indolora, la misma idea en la que está trabajando Google. En su caso, ideando unas lentillas inteligentes capaces de medir la glucemia y digitalizar toda esa información en tiempo real. Los objetivos enfocados al combate de esta enfermedad -una de las pandemias de nuestro tiempo, según la Organización Mundial de la Salud- son ambiciosos. La Fundación para la Investigación en Diabetes Juvenil (JDRF en sus siglas en inglés) ha puesto en marcha un proyecto dotado con ocho millones de dólares para idear un páncreas artificial, otra de las líneas de trabajo que definitivamente podría marcar la evolución de la eHealth.

Por su parte, otro gigante tecnológico como Microsoft se ha sumado a esta carrera junto al MIT de Massachusetts financiando un chip que permite dosificar hormonas contraceptivas desde el interior del organismo, un implante de larga duración que se podría neutralizar de forma temporal si la usuaria desease, en un momento dado de su vida, tener hijos.

Implantes no invasivos

La necesidad de atenuar el carácter invasivo de estos implantes es otro de los campos de trabajo de los investigadores. Recientemente, un equipo de científicos japoneses demostró en la revista Nature Nanotechnology la funcionalidad de un sensor de piel transpirable para controlar la salud de una persona durante largos espacios de tiempo. Para desarrollarlo, utilizaron mallas nanométricas que contienen un polímero soluble en agua, alcohol polivilínico y una capa de oro, todos materiales que se consideran seguros y biocompatibles. El sensor fue implantado durante una semana en nueve pacientes, y ninguno de ellos registró picor o molestia alguna.

Para Antonio Casal, esta tecnología será muy eficaz en el futuro tanto para los facultativos a la hora de afrontar una emergencia -dispondrán de un cuadro muy preciso del paciente en tiempo real incluso antes de tenerlo ante ellos-, como para los pacientes. «Piensa en los diabéticos; con los parches o las lentillas inteligentes no tendrían que estar pinchándose varias veces al día», razona.

El médico pontevedrés matiza, no obstante, que estas nuevas creaciones no podrán sustituir en ningún caso el trabajo de los profesionales de la salud. «La medicina no es una ciencia exacta. Estos dispositivos te pueden proporcionar muchos parámetros, pero en el diagnóstico influyen otras muchas variables que no te va a solventar esta tecnología». Más allá de estas cuestiones, Casal, en sintonía con la opinión mayoritaria de sus colegas, considera que el gran reto que tienen es demostrar la fiabilidad de los datos que generan.

EL RETO, PROCESAR DATOS

Como todo lo que tiene que ver con el «big data», el gran reto de la eSalud no es solo desarrollar implantes, sino procesar los volúmenes ingentes de información que van a generar. Datos, además, muy valiosos e íntimos por tratarse de la salud de las personas. Los detractores de estos dispositivos advierten incluso que serán sensibles a ataques cibernéticos

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